Y se largó la noche: De Bariloche a Junin

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👋🏽 ¡Hola! Soy Valen

He llegaó desde muy lejos con mis trucos, mis complejos, una maleta llena de trastos y un cuaderno lleno de cuentos. 

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Salimos cuando llovía -como los días anteriores-. Caminamos hasta el final de la ciudad e hicimos lo mismo de siempre. Al final una camioneta, que venía en sentido contrario, nos abrió la ventana. Nos dijeron que habían vuelto a buscarnos, porque la hija de la conductora se sinceró y le contó la historia de cuando había hecho dedo hacia un par de años. Así que, después de un kilómetros, decidieron volver a buscarnos. Marcia y Noelia iban a Bariloche.

Bariloche

Nos despedimos en el centro de la ciudad. Bariloche resultó ser la ciudad más cara de toda Argentina donde hayamos estado. Dimos una pequeña vuelta por el centro. Nos comimos una hamburguesa de un asador callejero -por trece pesos- y seguimos hacia el norte. Caminamos unos tres kilómetros hasta la estación de bus y de allí tomamos uno que, por cuatro pesos, nos dejó a las afueras de Bariloche; encima de la ruta. Pasada una media hora un camión paró. Para nuestra sorpresa era un camión de YPF -Yacimientos Petrolíferos Fiscales-, con mil controles y mil impedimentos para llevar pasajeros. De hecho, a muchos de esos ni les levantábamos el dedo sabiendo la cantidad de problemas de tenían.

Carlos nos llevó durante varios kilómetros. Vimos sus fotos de viaje en su camarita -su familia- y hablamos del camino. Finalmente nos bajó en el cruce de caminos de Neuquén y San Martín. Un lugar precioso, con un enorme lago de fondo cruzado por un puente. ¡El atardecer en todo su esplendor!

Neuquen

Eran ya casi las siete de la tarde… la noche se nos vendría encima pronto. Pasaban muy pocos autos y comenzaba a hacer un poco de frío. Después de dos horas  se largó la noche y Daniel y su coche destartalado pararon a nuestro lado. El auto apenas podía tenerse en pie. Las puertas no se abrían, los amortiguadores no existían y la rueda frontal izquierda temblaba como el infierno cada vez que alcanzábamos los ochenta kilómetros por hora. Nos subimos encantados en aquel trozo de metal rodante. Daniel resultó ser un amor. Un chico joven con un niño… Separado… Ex policía. Tomamos unos mates antes de despedirnos y a eso de las once de la noche nos dejó en San Martín de los Andes, a la entrada de un camping.

El camping resultó ser caro. Al parecer la zona alrededor de Bariloche está más que subida de tono; 45 pesos por persona. Por lo menos teníamos wi-fi, lo cual aprovechamos para hacer un par de contactos y tomar un par de decisiones.

A la mañana siguiente tomamos un bus hasta el final de Junín de los Andes. Allí se estaba celebrando la fiesta anual del domo, al parecer una fiesta reconocida nacionalmente… Levantamos la mano otra vez.

Las siguientes veinticuatro horas no fueron un infierno -por que eso sería exagerar-, pero sí suficiente para poner la paciencia de muchos a prueba…

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