Comienzo a escribir este texto con el corazón en la mano, tengo los ojos hinchados de llorar sin estar llorando y curiosamente lo primero que se me pasó por la cabeza es querer contarlo.

Como algunos sabréis (y si no aquí vas a enteraros), nuestra intención de ruta por África (como ya recorrimos Sudamérica y Asia) se ha ido al tanque. Lo que inició con ese enorme sueño de recorrer desde Sudáfrica hasta Etiopía en un plazo de uno a dos años terminó en 6 meses por Sudáfrica sufriendo con un coche que nos vendieron estafaron y con un daño de motor que se traduce en una buena cantidad del dinero perdido y un viaje que finalmente, al menos por ahora, no va a ser.

Económicamente hablando es un desastre, no solo nos ha impedido continuar con el viaje sino que nos impide volver a intentarlo en un futuro cercano. Invertimos más de 10.000€ en este intento y nos vamos a ir del país con al menos 8000€ menos, recuperar ese dinero para volver a dar el salto no es fácil. Tenerlo en las manos y volver a tomar esta decisión que al final solo nos ha costado dolores de cabeza tampoco (¿quien quiere cometer el mismo error dos veces?), así que renunciar a esto no solo ha sido renunciar al dinero y a los planes, sino muy posiblemente a la posibilidad de volver a intentarlo.

Los sueños a veces no se cumplen, y aunque a algunos os moleste mucho mi pragmatismo y mi obsesión por no querer ver todo de color arcoiris, ni vender basura positivista creo que es mi responsabilidad, con la gente a la que llego y con esta plataforma, de mostrar la vida como es, porque luego vamos por el mundo deprimidos creyendo que nos merecemos algo, que el universo nos debe algo, que hemos trabajado duro para llegar ahí y como lo hemos visualizado en nuestra cabeza pues va a suceder. Pues no.

Luego las redes sociales se llenan de “la suerte no existe” en posts escritos por privilegiados que probablemente todo lo que han tenido en la vida ha sido suerte porque el trabajo lo ponemos el 99% y no a todos nos sale igual de bien. “La suerte no existe” decimos mientras tenemos de donde comer cada día, hemos crecido en una familia unida, con una infancia envidiable y se nos sigue llenando la boca mientras podemos darnos la capacidad de perder esta inmensa capacidad de dinero y seguir andando, mientras podemos tomar un avión y disfrutar de unas navidades calientes junto a la familia y un plato en la mesa… porque claro “la suerte no existe” y todas esas cosas nos las merecemos por haber “trabajando tanto” (un poco fuera de lugar, pero aquí un ejemplo perfecto de lo que hablo).

Y como eso hemos creado, un mundo en el que la suerte va y resulta que “es una actitud” cuando nuestra vida no cumple con las expectativas del “sueña y lo conseguirás” y tu “vision board” nos vamos a la mierda, nos amargamos, comparamos nuestra vida con la de los demás, especialmente con aquellos con los que nos la muestran en fotos editadas y perfectamente coreografiadas con colores vivos, nubes de copiar y pegar y otras parafernalias y nos sentimos culpables por “no haber trabajado lo suficiente”, por “ser” unos fracasados.

Como alguien que está en ambos lados, os puedo asegurar que la suerte existe, que los sueños a veces no se cumplen y que la vida está llena de fracasos, algunos más dolorosos que otros, otros más caros. Nosotros personalmente somos especialistas en fracasar porque por cada cosa que nos ha salido bien 10 otras nos han salido mal y esta vez no hemos tenido suerte y muchas otras veces sí y así va a seguir siendo hasta el infinito y más allá.

Algunos de vosotros me escribisteis después de mis stories en Instagram en las que sin filtro y llorando os contaba lo que nos había pasado dándome las gracias por usar la palabra fracaso. Nunca lo había pensado profundamente, pero estoy segura que debe de ser de las palabras menos usadas en las redes sociales, me gustaría poder comprobarlo. Casualmente los fracasos son el hilo que teje nuestras vidas, las nuestras y las de todos los demás.

 

Los sueños a veces no se cumplen y no pasa nada, tampoco significa que debamos sentarnos en la habitación a llorar o tirar la toalla, significa que a veces, si queremos algo, no nos queda otra que seguir intentándolo, especialmente si somos unos afortunados, porque sí, la suerte existe y para que funcione la única formula mágica es que se alineen los planetas y te pille trabajando.

Cuando los sueños no se cumplen hay que pivotar, hay que seguir reinventándose y como nosotros somos de los que hemos nacido inmensamente afortunados (como muchos de los que estáis leyendo en general) nos levantaremos sin que eso nos tire la casa abajo, porque reconocer lo que nos han dado nos hace libres eso y conocer la diferencia entre fracasar y ser un fracasado.