No, no tengo una vocación en la vida (and that’s ok too)

Contenido:

👋🏽 ¡Hola! Soy Valen

He llegaó desde muy lejos con mis trucos, mis complejos, una maleta llena de trastos y un cuaderno lleno de cuentos. 

Escribo y te hablo sobre viajar, emprender y vivir una vida un poco más simple y sostenible.

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Cuando tenía unos 10 años mi profesora de castellano decía que yo sufría de “horrografía”. Mis notas llegaban con correcciones cada dos letras, según ella porque no leía. La realidad era que devoraba libros, lo juro, a montones. Recuerdo el pasillo de la casa de Modelia donde en un rinconcito teníamos 3 estanterías repletas del libros del barco de vapor (colección roja y amarilla), hasta tocar el techo. Pero yo leía y leía y al parecer lo último a lo que le ponía atención mi cabeza dispersa era en como estaban escritas las lineas. Supongo que mi deficit de atención diagnosticado tenía algo que ver en la cuestión.

Me acuerdo de pocas cosas de mi infancia, muchas son por que me las han contado, pero de la horrografía me acuerdo con descripción gráfica. Me acuerdo tanto que me capó durante años en la vida y siempre me hizo sentir insegura de lo que ponía en un papel. “No será lo mio” pensé muchas veces, siempre creí que iba a ser doloroso de ver y aunque escribir era algo un poco terapéutico, un poco como hablar conmigo misma, me costó mucho atreverme a volver a hacerlo. Hoy en día cuando mi madre me pide que le corrija las cartas importantes me causa cierta gracia, yo, que hace apenas un año tuve que aprender la diferencia entre sobre todo y sobretodo.

Cometo aún miles de errores, sobre todo porque no me miro las cosas dos veces y lo del deficit de atención es muy real. En cualquier caso sigo teniendo a esa niña de 10 años en la cabeza y aquí seguiré, aprendiendo y corrigiendo a mi ritmo hasta que lo siga disfrutando.

¿Puedo decir que escribir me apasione? pues sí, ¿Puedo decir que sea mi pasión o vocación? Pues no sé oye, si lo fuera digo yo que no estaríamos aún en estas, pero que sé yo.

De escribir mal a diseñar mal

La cuestión es que durante la adolescencia comencé a escribir otra vez y a llevar varios diarios, uno online, otros escritos en papel. En el primero escribía lo que yo creía eran pedazos de poemas y tonterías que se me pasaban por la cabeza, en conclusión, un blog que no leía ni el tato. Las faltas de ortografía estaban a la orden del día.

Todo eso lo hacía en un blog en HTML hecho con dreamweaver horrible al que le cambiaba el diseño dos veces por semana (no exagero) porque aunque aprender a escribir fue lo que me llevó allí, descubrí que al final cambiarle el estilo era lo que más me divertía, aunque lo hiciera “mal”, la idea era aprender a hacerlo bien algún día. El blog del que os hablo era de la siguiente guisa:

Una maravilla.

Atención, que Instagram no nacería hasta el 2010 pero yo ya usaba las fotos como el 90% de blogs de hoy en día en el 2005. Pionera hahahaha. (perdón, me estoy riendo mucho desenterrando estas imágenes).

O bueno, a todo lo demás…

Todo esto esto sucedía mientras realizaba un bachillerato tecnológico que casi no consigo superar (donde la importancia se le da a asignaturas como Física o Matemáticas porque supuestamente la intención es ir a parar a una carrera tipo ingeniería). Donde además realizaba un trabajo final de ciclo basado en humanidades sobre Silvia Plath y su antología y lo hacía en inglés porque ¿cuál era la garcía si no entonces? (aunque la gente normal escoge un tema aplicado a su “especialidad”) y para ponerle el broche de oro una vez terminado elegía una carrera artística de diseño gráfico. ¿Se puede ser más random?

El bachillerato tecnológico casi me hace repetir año pero lo logré pasar incluido el examen de entrada a la universidad aún no sé ni como, sobre todo teniendo en cuenta que venía de un curso anterior donde había suspendido matemáticas, vamos, la última elección para alguien con un poco de sentido común en la cabeza. El trabajo de Silvia Plath terminó siendo una sorpresa y me reavivó mi interés por el inglés (idioma que hoy en día hablo todo el día) haciéndome ganar el segundo premio al mejor trabajo de recerca de la comarca de ese año y la carrera… La carrera me enseñó que prefiero aprender de verdad a tener un papel que diga que sé hacer algo. Así que resulta que incluso eso que hacía con tanta emoción durante tantos años tampoco era “mi vocación”.

Que putada, y yo que pensaba finalmente haberlo encontrado.

Dejé la carrera de diseño gráfico dos años después aunque tenía una asignatura con una matricula de honor y me embarqué en una formación de video y fotografía. Me habría apuntado a abogada si te soy sincera, pero me di cuenta de que me llamaba más la atención saber como funcionaban las leyes que embargar mi vida en vivir de hacerlo y, como se trata de buscar mi pasión porque vivimos en un mundo especialista, pues elegí algo meramente relacionado para no seguir con la estela de previos años.

Aún creía que la que estaba rota era yo. Durante muchos años esto me hizo sufrir muchísimo, pensar que todo mi futuro lo estaba desaprovechando. Que jamás sería esa persona genial en nada porque nunca dedicaría el tiempo necesario, que estaba perdida, que no tenía una vocación, que debía de haber un problema en mi cabeza porque no podía centrarme SOLO en algo, que sería una mediocre toda mi vida porque era incapaz de comprometerme con nada. Los niveles de ansiedad que esto me ha generado no podéis imaginarlos (a menos de que tú también los hayas pasado).

La sociedad y su obsesión con la especialización

Cuando tenemos 6 años ya nos preguntan “¿qué quieres ser de mayor?”. En algunos lugares del mundo (como en España y mi caso) a los 16, en medio desarrollo hormonal nos hacen elegir una “especialización” que además afectará al resto de nuestras vidas “¿de que eres más, de ciencias, de números, de letras, de sociales o de arte?” no sé oye, ¿no se puede ser un poco de todo?. A los 18 tendrás que elegir una profesión, algo a lo que se supone te dedicarás toda la vida, si es posible haz un master o una especialización en la misma dirección.

Y sí, todo eso estará genial para muchos, pero no es ni mucho menos la única salida.  Como sociedad moderna hemos adorado al especialista, al que encuentra “su vocación” desde los 10 años, le apreciamos tanto que nos hacemos gráficos de personalidad, tests de “orientación laboral”, encuentra lo que amas y dedícate el resto de tu vida.

Esto no siempre ha sido así, de hecho una gran parte del  cambio se dio durante la revolución industrial, momento en el que se necesitaba de gente haciendo solo una tarea repetidamente, de ahí que se dejara de lado la figura del hombre y mujer renacentista que alentaba un conocimiento integral, gente con capacidad de desempeñarse con destreza en diferentes variantes profesionales. El mejor ejemplo de esta época es Da Vinci (y no vamos ni mucho menos a compararnos) el tipo era pintor, arquitecto, músico, astrónomo entre otros tantos, estoy segura que a nadie se le ocurrió preguntarle “¿Sí, sí, pero, tú que eres?”

Si solo basara este articulo en mi experiencia hoy vendría a contaros que eso es imposible pero como ya he mencionado en otro post tengo el ejemplo contrario de mi hermano al que desde que se le caen los mocos le oigo decir que será ingeniero mecánico y hoy a sus 28 años ahí está, con dos carreras de ingeniería (obviamente una mecánica) haciendo lo que le apasiona. Así que supongo que esos individuos existen, pero lo que no creo es que los que no sentimos ese llamado seamos bichos raros.

Abraza tu aleatoriedad y aprende a sacarle partido

Un buen día me tope con este video y descubrí el nombre “multipotencial, que vamos, no es más que otro palabro para describir algo que ya existía. El nombre no me mata, que voy a contarte, pero me sentí muy identificada con las explicaciones y por primera vez me di cuenta de que lo mío no era un problema, el problema era que este mundo no está cableado de la misma manera.

 

En realidad debí de haberme dado cuenta mucho antes, cuando mis padres intentaron hacer de mi una patinadora artística, una jugadora de tenis de mesa, una nadadora profesional… Llegué a competir en los campeonatos a nivel ciudad en dos de ellos y quedar segunda en uno, pero siempre llegaba un momento en el que ya no me valía la pena y ya no me generaba el mismo interés. Ellos lo intentaron, yo lo único que pensaba era “ok, ya puedo patinar relativamente bien, ahora a otra cosa”,”ya puedo jugar tenis de mesa relativamente bien, ahora a otra cosa”, “ya puedo nadar relativamente bien, ahora a otra cosa” y luego me di cuenta de que esa sería la representación del resto de mi vida.

Librarme de la culpa me hizo no solo quererme un poco más (que nunca está de más) sino aprender a sacarle el partido a todo lo que puedo poner encima de la mesa. Soy una excelente aprendiz, no solo lo hago rápido sino que me gusta, pero lo más importante que aprendí es que perseguir algo que me interesa o apasiona, aunque sea momentáneamente, rara vez es una perdida de tiempo, incluso si lo acabo dejando. Sé hacer MUCHAS cosas bien (o dignamente), porque todo lo que he aprendido sigue el camino conmigo y me es útil en mi siguiente aventura. Aunque eso me transforme en una “comenzadora de muchas cosas y terminadora de pocas” como algunos suelen describirlo.

La mejor manera para no limitarte y para aprender a ponerle un poco de orden a una cabeza como la mía es simplemente asumirlo, darte cuenta de que el hecho de que algo no te apasione hasta la muerte pero te llame la atención no es un motivo para no conocerlo, dejar de intentar caber en una sociedad en la que no tienes cabida y hacer tu propio hueco. De ahí que mi carrera profesional sea casi un 80% por cuenta propia y con mis propios proyectos y mira, al final 18 años haciendo “más o menos lo mismo, mal no vamos.

No, no tengo UNA vocación, prefiero ser una navaja suiza.

¿Y por qué me está contando esta loca todo esto?
Bueno, pues hay varios motivos:

  • El primero porque quiero que se entienda lo que siempre he dicho, que los puntos al final conectan.
  • El segundo porque no tengo la más puta idea de cual es mi vocación en la vida, aunque pueda remontarme 18 años a ver las chorradas que publicaba en internet.
  • El tercero porque es un ejemplo de que la mayoría de veces los buenos resultados solo se deben a la perseverancia y las veces que hacemos lo mismo
  • El cuarto porque yo misma quiero mostrar que mi problema (quizás el tuyo?) no es de compromiso.

Me comprometí a escribir aunque lo hiciera mal porque lo que me apasionaba era la idea de hacerlo bien un día y no ser la niña de la horrografía (aún no creo que haya llegado ese día). Acabo de sacar un nuevo diseño del blog con montones de errores técnicos porque aún me atrae la idea de seguir aprendiendo a hacerlo mejor y cada vez que miro hacía atrás me sigue generando cosquillas. Pero también me comprometí con no aburrirme e investigar todo aquello que me llame la atención sin limitarme, porque los puntos conectan, aunque a veces parezca que la conexión no existe y aún más importante, me comprometí a ser fiel conmigo misma.

Así que hoy en día me he librado del peso en la espalda de pensar que por ser incapaz de elegir una “profesión” era un fracaso. De pensar que “mi vocación” estaba a la vuelta de la esquina y de aquello de que tengo que estar buscándola todo el rato (es agotador, de verdad).

Probablemente nunca seré genial en una sola cosa, pero oye ¿y que pasa si ser buena en muchas me hace finalmente genial en algo?, sinceramente ya no me importa, al final la cuestión es siempre disfrutarlo.

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4 respuestas

  1. Pues, con propósito, gusto, constancia, siempre aprendiendo ¡y disfrutándolo!, estás y sigues escribiendo, cada vez mejor. Si no lo dices, aun con algunas tildes que faltan acá, nadie pensaría en ti como aquella niña de la hidrografía. Un abrazo Valentina. Me gustó mucho tu publicación.

  2. Genial, me encanta leerte y aunque no lo creas siento una envidia de la buena por esa maravillosa vida que llevas, igual que la de tus padres. A tu padre lo conocí en el Externado, por eso entiendo el bello ser humano que eres, aunque nunca te haya visto te quiero, me encanta leerte. Te escribo estas líneas llorando por lo que un día quise ser y no me atreví.

    1. Hola Martha,
      Que bonito comentario, me alegro que te hayas cruzado con mi padre y que tengas buenos recuerdos. Soy afortunada por tener los padres que tengo.
      Aún hay tiempo de hacer muchas cosas y de cambiar algunas que no nos gustan así que te animo a intentarlo y te mando un enorme abrazo. Gracias por pasarte por aquí.

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