¿Sientes que no has conseguido nada en la vida? Las redes sociales y el éxito

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👋🏽 ¡Hola! Soy Valen

He llegaó desde muy lejos con mis trucos, mis complejos, una maleta llena de trastos y un cuaderno lleno de cuentos. 

Escribo y te hablo sobre viajar, emprender y vivir una vida un poco más simple y sostenible.

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Supongo que si has llegado hasta aquí es porque en algún momento has hecho lo que todo humano hace para sentirse como una mierda de manera infalible. Pasarte un día, una semana, un año, una vida comparándote con los demás preguntándote por qué tú no has sido “capaz” de cumplir con las expectativas.

Lamentablemente las redes sociales, aunque son un lugar lleno de magia por muchos motivos, son también una cuna de depresión y problemas mentales si no las usamos con sabiduría. Aunque muchos de nosotros somos conscientes de que un mundo sin redes ni internet existía, donde lo más similar eran las reuniones de antiguos alumnos a las que asistías sin mucho más interés que comprobar que tu vida es una miseria porque entre aquellos niñatos que no sabían ni escribir ahora hay dos directores artísticos un “trader” una ilustradora famosa y todos ellos con dos hermosos niños que salen impolutos en las fotografías. Pero, ¿quién quiere reuniones de alumnos teniendo redes sociales hoy en día? Ahora puedes hacer lo mismo con todo el mundo… a la vez.

Resulta que ya estamos en un punto en el que aquellos menores de 20 años no conocen un mundo sin Facebook y sin embargo un estudio realizado por la Royal Society of Public Health y la Universidad de Cambridge demostró que “los jóvenes que pasan más de dos horas al día en redes sociales como Facebook, Twitter o Instagram son más propensos a sufrir problemas de salud mental, sobre todo angustia y síntomas de ansiedad y depresión”.

No hace falta tener un máster ni ser parte de la Universidad de Cambridge para entender el motivo. El constante bombardeo de imágenes de cuerpos “reales” altamente editados y de vidas “reales” altamente filtradas bajo un #nofilter son el pan de cada día.

 

Me estoy quedando atrás en la vida

Así que muchos aquellos que aunque sabemos que el mundo sin Facebook existía hoy en día nos pasamos días, semanas o media vida haciendo scroll en Instagram donde vemos desde mujeres que acaban de parir con un vientre plano, gente que vive en un documental de Marie Kondo, #MornignRoutines para ser más productivo durante el día y entre medio un chaval que es disco de oro en no sé cuántos países a los 14 años o una chavala de 20 que ha conseguido millones de dólares con su marca de bañadores mientras tu con tus 34 eres incapaz de tender la ropa y doblarla en el transcurso de una semana.

Un paraíso si me preguntas.

¿Te suena?

Claro que te suena, si no que haces aquí. Seguro que hay días en los que te vas a la cama pensando que todo el mundo, en todos lados la está rompiendo y seguro que no hace falta que te lo diga porque con un poco de suerte aún no estás en un hueco y tienes en tu círculo a gente normal, como tú y como yo que te recuerda que aquello es una fantasía.

Ten cuidado porque de esas inseguridades es de donde se alimentan los anuncios que estas mismas redes permiten (de qué vivirían?) llenos de psicópatas listos para sacarte el dinero en tu momento más bajo mostrándote cómo han “optimizado su vida” vendiéndote soluciones baratas (pero nada baratas) para que finalmente desbloquees tu “potencial” y consigas la vida de tus sueños, pero de eso ya escribí en Escuelas para ser nómada digital, la nueva estafa del mundo online.

 

“Nunca es tarde” la mayor mentira de la historia

Llegados a este punto, si has hecho esa comparación seguro que en algún momento de subidón has llegado a los típicos de mensajes de “Nunca es tarde para petarla” porque el fundador de McDonals lo hizo a los 52 años. Charles Flint comenzó IBM pasados los 60… Mira, este bonito infográfico te servirá para esos días.

Y sí, seguro que puede servir para algún momento en el que estés a punto de tirar la toalla para motivarte, pero lamento venir a contarte que esa narrativa es la mayor mentira de la historia por dos motivos:

  • Asume que todo el mundo la va a “petar” montando una empresa o siendo un premio Nobel y refuerza esa idea
  • Asume que petarlo o no está de alguna manera relacionado con tu edad

Y el problema es que toda esa sensación de que “no has conseguido nada en la vida” está basada en justamente esas dos premisas.

 

Revisa CONSTANTEMENTE tu definición de éxito

Muy probablemente tengas la percepción de que si no eres una persona exitosa nadie te valorará. Si sueles pensar algo parecido lamento decirte que tendrás que hacer unos pocos cambios a esa frase, ya que muy probablemente lo que quieres decir es que tú no te valorarás si no eres una persona exitosa. Y ya a partir de allí comienza a pensar porque conectas tus logros con tu capacidad de que alguien te valore (empezando por ti mismo) y como ese amor propio tiende a no estar presente suele ser remplazado con esa sensación de que el “éxito” va a solucionarlo. Porque oye, lamento sacarte de la burbuja, pero hay gente que “la ha petado” que termina con una sobredosis de heroína. Ya sabes, aquella otra basura del “live fast, die young”. Oye pues no, a mí casi me apetece más “live slow and die old”.

Esto es normal, vivimos en una sociedad que nos bombardea específicos tipos de éxito como maneras de romperla en la vida. Si eres mujer muy probablemente tengas que ser una #GirlBoss y para los 35 tener dos hermosos retoños, romperla en tu empresa, tener un cuerpo perfecto y tener tiempo para que tus hijos no coman azúcar y sean siendo educados a lo Montessori. Plus si vives en el documental de Marie Kondo y haces Yoga cada día.

Así que lo más importante es redefinir y revisar constantemente la definición de éxito, porque para evitar que sintamos que tenemos que ser eso para ser valorados lo que tenemos que encontrar es una definición de éxito que nos lleve a querernos a nosotros mismos.

¿Y tú qué haces con tu vida?

Cuando pienso en esto pienso en una conversación que ya mencioné en el pasado en un escrito de este blog cuando apenas podía poner mis ideas en orden (no es que ahora pueda, pero seguro que lo hago mejor que hace 6 años) que fue de la siguiente guisa:

Hace muchos años, justo a la vuelta de nuestro viaje por Sudamérica tuve una pequeña prueba de lo que realmente significaba para mí la libertad y me gustó tanto que no quería parar. Así que mientras Jesper decidía quedarse en Europa para sacarse su carné de conducir yo me iba a hacer dedo por Francia y Marruecos con una amiga. En una comida en común un conocido de Jesper se acercó a mí mirándome un poco por encima del hombro y me preguntó:

¿Y tú, qué vas a hacer ahora?

A lo que yo, ingenua, respondí con mis planes de viaje por Francia y Marruecos, emocionada de su existencia.

Con desdén replicó:

Sí, sí… ¡Viajar! No, no te pregunto eso, te pregunto ¿Qué piensas hacer con tu futuro, ¡con tu vida!?

A mpi, la cosa me confundió un poco, porque parece ser que aquí el señor creyó que yo no había entendido la pregunta cuando era él el que no entendía la respuesta. Pero fue un momento genial porque fue la primera vez que me di cuenta de que en ese momento tenía clara mi definición de éxito y desde luego no era una pintura de su vida. Un tipo en un trabajo corporativo encerrado en una oficina.

Así que sin pensarlo demasiado añadí:

Eso es lo que hago con mi vida David, trabajo por mi futuro, duramente y a diario, porque no quiero despertarme en 20 años y darme cuenta de que he malgastado mi vida haciendo algo que ni me gusta, ni me llena, ni me sirve para nada  ¿Y tú, que haces por tu futuro?

Me sentí muy orgullosa de mi convencimiento porque por primera vez en muchos años tenía esa respuesta clara, porque esa conversación me pilló en un momento de mi vida en el que sabía lo que estaba buscando y lo que quería y en efecto estaba haciendo todo lo posible para lograrlo. Y lo logré, lo hice, viajé por el mundo hasta ahora como quise.

Hoy tengo un trabajo corporativo que me llena el día, muy probablemente por motivos muy diversos a los suyos, pero entiendo que mi definición de éxito varía y sé que jamás haré un comentario similar a alguien que me diga que todo lo que quiere en la vida es casarse y tener hijos y ser ama de casa porque mira, el éxito para todos es una moneda distinta y muchas veces no tiene nada que ver con fundar una multinacional o una estrella de Hollywood.

Revisa CONSTANTEMENTE si el césped es realmente más verde al otro lado

Muy frecuentementre se nos olvida poner en duda lo que vemos y sin embargo sabemos que el 90 de las estrellas que lo son jóvenes acaban teniendo problemas de adicción a las drogas, muy probablemente no tuvieron una niñez sana o incluso que muchos de ellos no pasarán jamás de los 30.  Y ni hablar de los cientos, posiblemente miles de casos de parejas de estrellas que se muestran perfectas y que luego trágicamente resultan no serlo en absoluto.

Sinceramente no hay mucha gente que yo considero “exitosa” basándome en lo que yo considero éxito que haya saltado al estrellato a los 15 años. Conozco cientos de emprendedores que dicen orgullosos trabajar 70 horas a la semana en sus diversas empresas porque es algo que les encanta y que quieres que te diga, yo no quiero eso en mi vida. Sí me preguntas creo que veo a mi abuela o a mi madre, que hoy en día sigue limpiando suelos para el ayuntamiento del pueblo, dos de las personas más éxitosas que conozco. ¿Por qué? porque le han puesto unos huevos enormes a la vida, porque incluso con dificultades intentan seguir creciendo y aprendiendo y en el caso de mi madre aspira a tener 22 gallinas y un huerto con el que alimentar a todos sus amigos y familia después de haber sido la directora de centros educativos o haber trabajado en instituciones públicas contando números todo el día. Así que ya ves tú, la cuestión es calibrar el color de tu cristal.

¡Habrá gente petándola y viviendo su mejor versión, desde luego! Pero igual se aleja mucho de lo que tu quieres en tu vida 🙂

Deja las redes sociales un rato o se más selectivo con aquello a lo que le estás dando tu atención.

Sigo sin entender por qué hay gente por ahí con millones de seguidores que todo lo que os muestran son sus viajes en yate, room tours de sus apartamentos que nunca podrá nadie permitirse y 40.000 anuncios de todos los productos que les han llegado gratis la última semana. He tenido que hacer las pases muchas veces conmigo misma por vivir en las redes y tener un perfil público y querer crecer a la vez que pensar que aquello no es ni de lejos lo que aspiro y muchas de sus vidas a mí me suenan a vacías.

Mi relación amor-odio con Instagram nunca ha sido un secreto, incluso en mis momentos más activos viajando a tiempo completo cuando subía unas 10 stories al día me desaparecía de los feeds del personal a menudo. En los últimos 6 meses he publicado dos fotos y sinceramente, me da exactamente igual. Apenas me paso para responder mensajes e intentar estár al día de la gente que me importa un poco y ahora que llevo un tiempo con espacio limitado en mi cabeza como para dedicárselo a cosas que ahora mismo no me aportan lo mismo y no podía haber hecho nada mejor.

Para la muestra esta publicación de hace un tiempo en otra de mis desapariciones:


Tengo que admitir que TikTok me está quitando tiempo, pero me está gustando disfrutar de una red social sin tener que pensar en crear contenido (que sé que tengo que hacerlo en algún momento) con carne y gente nueva y donde, al menos de momento, he elegido vidas con las que me siento más identificada, a las que se les olvida las llaves de casa, se les queman los espaguetis y de vez en cuando les cuesta sentirse guapas y cuando me desvío un poco y termino en aquella que se hace la comida megasaludable y megabonita para 7 días cada semana tiendo a dejarlo un rato y recordar que si me distraigo en lo que me venden como éxito sin revisar constantemente si se adapta con mi definición es cuando pierdo más tiempo y más atrás me quedo.

 

Así que si tienes la sensación de que te estás quedando atrás y no “has conseguido nada en la vida”, igual, solo igual, es que has tomado un camino que no es el tuyo.

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