La mujer que siempre quise ser es todas las mujeres que caminan conmigo

A los 5 años ya me decían que “tenía carácter”, que es un eufemismo para las niñas que no son calladas y no asienten con la cabeza mirando hacía abajo. En los registros del colegio todos se acuerdan de cuando le di un violinazo al niño que mientras yo hacía mi presentación me tiraba de la falda (pero pocos se acuerdan de ese último detalle), también todos se acuerdan del día que “mordí a Pipe” y le dejé los dientes marcados en la mejilla, pocos se acuerdan de que hoy en día yo también llevo marcas en la cara de sus arañazos. Lo más probable es que Pipe me tuviese hasta las pelotas, pero oye, las niñas no muerden, ellas abrazan.

A los 10 años ya no cuadraba en el “cajón” de una manera dolorosamente obvia. Tenía que compartir clase con preadolescentes de familias bien preocupadas con su falda y maquillaje mientras yo me peleaba con mi maraña de pelo, aquella con la que no hice las paces hasta casi 10 años más tarde, escondida debajo de un sombrero. Me paseaba por el mundo con la ropa desaliñada y las uñas siempre sucias porque me pasaba el día jugando con tierra y por el suelo. Sinceramente, a mi me preocupaba poco, pero al resto del mundo parecía no dejarles dormir, al fin y al cabo era una niña, y claro, las niñas con las uñas sucias no pueden ir.

Durante los siguientes años apenas me relacionaba con otras chicas, tenía solo una buena amiga, que mis padres no aprobaban porque seguramente también “tenía carácter”. El resto del tiempo leía libros, jugaba en el barro, a las monedas o vendía con interés emprendedor todo lo que encontraba por mi camino, mientras ellas, ese grupo del que ya me sentía desprendida, se sentaban en ronda a contarse secretitos. Para aquél entonces ya me peleaba con las normas del colegio por poder usar los pantalones del uniforme (unos simples jeans azules) en vez de tener que llevar aquella horrible falda jardinera que no me dejaba arrastrarme por donde me daba la gana. Así que además de “tener carácter” también era “problemática”, porque pedir llevar un pantalón debe de ser un maldito drama y no algo de lo más normal en este mundo, al fin y al cabo las niñas de bien llevan falda.

Os animo a que me encontréis en la foto. (PS: no es en el lugar obvio)

Por suerte en mi casa no se me moldeó como una Barbie y seguí siendo “problemática” y seguí “teniendo carácter”, imagínate como es llegar con semejante costal a la adolescencia, ¡una decepción educativa!. No voy a hablar mucho de mis años de instituto porque igual me da para un libro, pero el hecho de que llevara el pelo azul, medias de colores, corbatas y cadenas de cerrojos en el cuello definitivamente no sumaba puntos positivos (vaya tú, quién lo habría dicho). A los 16 años, en el colegio, me llegaron a decir que “cazaba a los hijos de los profesores”, así, un buen martes por la mañana que bajé a hacer fotocopias, por el simple hecho de que uno de ellos era mi pareja y otros muchos mis amigos, porque claro, como mujer mi único objetivo biológico es “cazarlos y apuntarme un buen marido”.

Rodeé toda mi infancia y adolescencia de figuras masculinas, quizá porque la imagen que me habían vendido de lo femenino no tenía cabida en mi cabeza y todo que yo quería ser estaba lejos de esa imagen. Pero me cansé, me cansé de querer ser otra cosa, me cansé de “intentar ser un hombre” y comencé a darme cuenta de mi poder en el mundo, del mío y del de mi cuerpo. Me costó bastante dejar de sentirme como “el colega” con el que nadie quiere estar, la rarita, la “tomboy” y pasar a ser la mujer que se acuesta con quien le da gana y ser la dueña de mi feminidad. ¡Vaya tú que sorpresa! eso también resultó ser un problema, porque mi cuerpo, por supuesto, no esta hecho para mi descubrimiento o disfrute, las mujeres de bien solo están hechas para ser disfrutadas por alguien más.

A los 25 años conseguí mi primer trabajo de oficina, no es que lo hubiese buscado demasiado, pero lo necesitaba para aprender algunas cosas extra y seguir mi camino, para entonces aprendí también que mi trabajo, aunque mil veces mejor (que le den por el culo a la modestia) no valía lo mismo en billetes que el de mis compañeros masculinos. Dejé mi trabajo y me puse el precio por hora que me pareció más bonito, a muchos hoy en día les choca, por que claro, “eso es demasiado”, me pregunto si dirían lo mismo si mi nombre fuera Pepito.

 

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Esta no es más que otra imagen de la mujer que siempre quise ser… valiente, libre y feliz. Trabajando y caminando el filo de la montaña, siempre acompañada de otras mujeres valientes libres y felices que sin estár ahí siempre han estado. #sisterhood 👊🏽 Se viene post melodramatico en el blog, perdón, de vez en cuando se me escapan. Gracias a todas las que no dejan de levantar la voz y las calles para que podamos serlo. #womenthattravel #mujeresviajeras #comuviajera #bromo #vulcanos #wilderness #instaviajeros #girlgonewild #womenempowerment #womenpower #womentravel #javaisland #indonesia #landscapes #thisisasia #exploreindonesia #wonderfulindonesia #naturelover #naturewonders #viajeros #mochileros #viajemosjuntos #colombiangirl

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No sé cuando fue muy bien que comencé a darme cuenta de que no eran las mujeres las que estaban mal, de que lo que estaba mal era lo que me habían vendido. No sé cuando fue muy bien que comencé a hacer las paces conmigo y con TODA mi feminidad, la mía, la mía y la de nadie más. Comencé a amar mi pelo, a ponerme vestidos y a pasearme con el mundo sin esconderme. No sé cuando fue muy bien, pero me alegro de que llegara el día, porque me permitió ver finalmente lo que esa imagen rosa no me había dejado ver. Me rodeé de DIOSAS, de mujeres bellas, mujeres fuertes, mujeres libres, mujeres que amo  y admiro. Y sigo estando cabreada, por más que eso no les guste a algunos, porque las mujeres de bien no sienten rabia, pero es mi rabia la que mueve mi mundo.

La mujer que siempre quise ser está justo delante mío y está hecha de todas esas mujeres en mi vida, de cada una de sus peleas, de cada una de sus ganas de pegarse contra el mundo. Es su rabia contenida, sus “no vas a poder” recibidos. Es sus risas y su llanto, es sus sueños y los míos. ¿cuántos años hemos perdido en el camino en batallas que ninguna mujer tendría que haber tenido?

Ojalá la hubiese conocido antes, al igual que a todas mis musas. Ojalá las apreciara y recordara más a menudo. Gracias por abrir camino, gracias por existir, por pisar fuerte, por vivir “distinto”. Brindemos porque cada vez que lo dudemos, cada vez que se nos olvide, cada vez que creamos que no podemos, cada vez que la mujer que siempre quisimos ser y tú o yo nos alejemos, solo tengamos que ir a vernos y recordar que algo habremos hecho bien si entre deidades nos hemos elegido.

Os quiero, a todas, sigamos haciendo camino.

Valen

He llegado desde muy lejos con mis trucos, mis complejos, Una maleta llena de trastos y un cuaderno lleno de cuentos. Soy la mitad de este viaje.

2 Comments
  1. Orgullosa de leerte, así a la distancia pero tan cerca.
    Alimentemos la sororidad con cada gesto, peliemos juntas y a la par porque el patriarcado se va a caer.
    Juntémonos a decirnos cuánto nos amamos, cuánto amamos nuestros cuerpos no hegemónicos que tanto basurea el sistema.
    Libres, locas, felices, seguras. ¡Así nos quiero, hermana!
    ¡Gracias por tanto, Valen!

    1. Así es Ce, lejos pero juntas.
      O nos amamos nosotras mismas o nadie más va a hacerlo, o nos ayudamos, nos empujamos y nos alegramos de nuestros éxitos o todo seguirá siendo lo mismo hasta el fin de los días.
      No dejemos que aquello que nos inculcan, aquello de odiarnos, no nos dure mucho, igual un día ya ni tenemos que pasar por eso.

      Mil besos! Gracias a ti por estar ahí.

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