Kerman y el desierto de Lut, el lugar más caliente del mundo

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Dejamos Hormuz con la idea de visitar los dos últimos destinos del país antes de dar nuestro salto a Pakistán, las ciudades de Kerman y Bam. En Kerman teníamos uno de los puntos fuertes del viaje esperando, al menos uno de los que más nos interesaba: la visita al desierto de lut, el que es oficialmente el lugar más caluroso del planeta.

Desde Hormuz tomamos un ferry a Bandar Abaas por 140.000 Riales por ambos y de allí un bus común (no VIP) a Kerman por 420.000 por ambos.

Una vez en Kerman nos alojamos en Omid Guesthouse (en google maps Omid Inn), un hotelito pequeño, bastante básico y barato, compartimos habitación durante unos días pero eran amplias y disponíamos de nevera y televisor. El hotel se encuentra en una callejuela, nos costó localizarlo pero no encontramos nada mejor a ese precio en la zona.  Además, tiene un patio amplio donde se encuentran los baños compartidos. La casa como tal es curiosa, hay varios muebles rococó con telas encima.

Paramos en Kerman para descansar un poco después de la aventura y el calor de Hormuz, estuvimos en la ciudad 3 días, dos de ellos trabajando casi a tiempo completo y poniéndonos al día, El día que tuvimos libre lo ocupamos en su bazaar, donde desayunábamos algo de té y pan.

No hicimos gran cosa más en Kerman, pero no podíamos olvidarnos del motivo real de nuestra visita a la ciudad, los Kalouts y el desierto de Lut, el lugar más caliente del planeta. El desierto se encuentra a unos 125 km de la ciudad y lo más común para visitar el desierto es con un tour, suelen ofrecerlos de 1 a 3 días. La mayoría de los alojamientos ofrecen los tours, me recordó un poco al salar de Uyuni ya que todos van a los mismos lugares, suelen completar grupos con otros alojamientos y se juntan en los mismo sitios por lo que los precios no varían mucho entre una opción u otra.

Mientras buscábamos hotel encontramos una opción que nos pareció lógica, pero lo mejor para conseguir el precio más barato por persona es completar el coche y así repartir gastos entre todos.  Para entonces (2017) nos ofrecieron un tour por 3,800,000 riales por coche (hasta 4 personas) sin incluir la noche en un pequeño alojamiento en un pueblo de la zona ni las entradas a los sitios. En ese entonces eso equivalía a unos 40€.

El tour nos llevaría por Mahan, Rayen y las montañas de colores, luego te llevan a los Kalouts al atardecer y supuestamente te llevan a algo que le llamaron «Egghils» y «Salt river» que, la verdad, no recuerdo. Al día siguiente verás el amanecer en el desierto y volverás a Kerman.

El tour para visitar el desierto de Lut y los Kalouts

Al día siguiente salimos con un grupo que encontramos gracias a Facebook, nos encontramos en un hotel cercano y comenzó la ruta.

La primera parada sería en la ciudad de Mahan, donde la «joya» de la corona son los jardines Shazdeh. Teniendo en cuenta que la entrada son 200.000 riales por persona y que no somos de visitar jardines, decidimos esperar al resto del grupo afuera haciendo algo que nos llamó mucho más la atención: nos quedamos tomando el té con el resto de conductores que sacan sus teteras y galletitas y esperan a que los turistas vuelvan al coche.

Allí conocimos mejor a Majid, nuestro conductor, un tipo de unos 50 años con pocos dientes pero mucha alegría. Durante unos 40 minutos estuvimos charlando entre su inglés casi inexistente y nuestro similar Farsi y cuando el resto de integrantes del grupo volvió salimos a la siguiente parada del camino, la ciudadela de Rayen.

La ciudadela de Rayen es sinceramente impresionante y aunque por un momento pensamos en no entrar, ya que nuestra siguiente parada en Irán sería la ciudadela de Bam, me alegro de que finalmente decidiéramos pagar los 150.000 riales por entrada ya que al final en Bam no pudimos ni ver la ciudadela por otro motivo y habría sido una completa pena no haber hecho ninguna de las dos. Por suerte teníamos aún riales después de nuestro robo de 500€ en Teherán, nos quedaban pocos días en el país y decidimos pagarlos.

La ciudad de Rayen data de hace más de 1000 años, y se situó en una ruta de comercio de telas. Es un complejo bastante grande, en sorprendente buen estado y donde tienes una libertad increíble para explorar allí donde vayas.

Antes de ir a nuestra última parada visitamos un restaurante al que nos llevó Majid donde comimos por 130.000 ríales cada uno un ghormeh zabsi delicioso y continuamos nuestro camino hasta el punto fuerte del viaje. El desierto de Lut.

El nombre con el que lo conocemos en «oeste» proviene de su nombre persa Dash-e-Loot, que quiere decir «el desierto del vacío», ha sido declarado patrimonio de la humanidad y ha registrado temperaturas de hasta 70 grados centígrados en verano. En sus más de 50.000 metros cuadrados podrás ver los kalouts, esas estructuras de arena erosionadas por el fuerte viento de la zona que te hará sentir en un horno de convección constante y donde no es recomendable poner el pie durante las horas más calientes del día. Es por eso que la mayoría de tours ofrecen sus visitas para ver el amanecer y el atardecer, muchos coches tienen problemas si el calor les pilla desprevenidos y la seguridad de los visitantes se vería comprometida.

Llegamos avanzada la tarde, cuando poco le quedaba al sol para perderse detrás de los kalouts, pero con tiempo suficiente para escalarlos y darnos una pequeña vuelta por los alrededores más cercanos, de noche el calor se nota, pero al ir disminuyendo no hace tan evidente su leyenda. Finalmente, después de hacer algunas fotos nos sentamos en una piedra a ver el sol caer del todo y poco antes de que no quedara nada de luz volvimos al coche con Majid que nos dejó en un pequeño hotel al lado de la zona.

Sakine y Mustafa es la adorable pareja que regenta el hotelito y nos tiene preparada la cena en cuanto llegamos. El hotel tiene un patio interno que de noche es más que bienvenido para refrescar y ofrece aires acondicionados al estilo Iraní, cuando los veáis sabréis de lo que estoy hablando. La cena está incluida en los 1.200000 que pagamos por la habitación, al igual que el desayuno del día siguiente y creedme, que aunque en su momento se salía de nuestro presupuesto, después de conocerlos estuvimos encantados de haber estado allí y aportado algo a su pequeño negocio.

Hablamos con ellos y otro grupo de turistas que tuvo un día horrible durante la comida, su coche se estropeo en medio del desierto esa mañana y tuvieron que pasar las horas del medio día escondiéndose del sol levantando las temperaturas por encima de los 50 grados. Ya cansados dejamos una nota en el libro de visitas (donde encontramos además otra nota de alguien que conocemos) y nos fuimos a dormir.

A la mañana siguiente nos despertamos sobre las 5, desayunamos y con la cara medio pegada a la almohada salimos con Majid en el coche camino al desierto, cada 20 minutos a Majid le sonaba el teléfono con el tono de «El Rey», al final del día ya sabía cantar «Ayayayay! Ayayamor» haciéndome sentir orgullosa.

Llegamos al desierto aún de noche y con la ayuda de las linternas de os teléfonos comenzamos a escalar los puntos que ya más o menos conocíamos. Poco a poco la luz del solo se hizo presente y se comenzó a notar el aumento de temperatura, estuvimos varias horas en el lugar, y para eso de las 9:30 de la mañana el calor ya era un problema para muchos que pasábamos por el coche de Majid para darnos una sacudida de aire acondicionado. El agua que habíamos subido al coche desde el hotel ya estaba caliente y era hora de marcharse antes de que las cosas se pusieran peores.

Emprendimos la vuelta y pasamos por las montañas arcoiris antes de volver a Kerman, para entonces ya todo eran risas y Majid uno más del grupo. Llegados a la ciudad aportamos 300.000 riales extra como propina, nos despedimos de un abrazo y salimos directos a las estación de bus donde tomamos un bus nocturno que nos llevaría a nuestra última parada en Iran. Bam, desde donde iniciamos el cruce de frontera más largo e intenso del mundo, el cruce de frontera por tierra de Irán a Pakistan.

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Un poco de sur

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