El día que me enamore de una montaña, campo base del Rakaposhi

*Lee sobre nuestra llegada hasta aquí en Karimabad y el nido del águila

La primera vez que vi el Rakaposhi fue de camino a Sost, en una parada, en una esquina ahí estaba, imponente y blanco. Tuvimos suerte nos dijeron, no se deja ver muy a menudo así que es necesario parar y esperar a que las nubes despejen… Las montañas tienen su propio clima.

Ese día paramos por el camino a estirar las piernas, beber algo y disfrutar del espectáculo que no duro demasiado, me olvidé de hacer una foto antes de que las nubes cubrieran la cima, ya os he dicho mil veces que prefiero disfrutar y luego, si eso, fotografiar. Estuvimos al menos una hora parados en el pequeño parque a los pies de la cascada que hace de mirador intentado volver a verlo pero no sucedió. Cuando volvimos a la moto nos dimos cuenta de que la habíamos dejado con las llaves puestas, nos entró la risa tonta y nos acoramos del momento en el que entramos en el país convencidos de lo “peligroso” que iba a ser.

La segunda vez que lo vi fue poco después pasado el mirador, tímido despejó durante unos segundos mientras estaba subida en la parte trasera a 60 km por hora en la KKH. Me volví a emocionar, nunca en mi vida una montaña me había hecho sentir de tal manera… y fue ahí cuando me obsesioné. Tendría que tocarlo o no sería feliz.

Hicimos el camino 18 y parte del 19.

Trazamos el plan para meter dentro de nuestros días una visita al campo base, gracias a la ayuda de Rao dimos con nuestra meta: Minapin, una vez allí nos puso en contacto con el dueño de Osho Hotel que nos acogió, nos explicó el camino y nos llenó la barriga la noche anterior a la aventura.

9 de la mañana, desde el hotel no se ve la montaña, yo no podía con los nervios porque lo único que quería era tomarme un café mirandola. Salí de la habitación con los ojos cansados y con la esperanza de que de alguna manera el mundo se hubiese desplazado y la tuviese ahí delante. Nos comimos algunas de las samosas del día anterior en la habitación y preparamos la maleta para nuestra caminata. Subiríamos con la intención de quedarnos una noche así que era necesario cocinar y acampar, se supone que en la cima hay un campamento con tiendas de campaña pero la temporada acaba de empezar y sabemos de primera mano que es muy posible que este desierto, preparamos todo en una sola mochila y en la otra pequeña nos hicimos con agua y algunas provisiones fáciles como galletas.

1:30 de la tarde, salimos del hotel una vez pasadas las horas de sol más fuertes, la caminata se nos había descrito como fácil, por lo que no debería ser mucho problema llegar al campo base en unas tres horas. Lo primero que hicimos fue adentrarnos en el pueblo y finalmente tomar una de las callejuelas (la segunda) a mano derecha, de allí el camino comienza a subir cruzando el rio hacía la montaña en una carretera que podría ser usada por un Jeep, zigzageante y que termina en el inicio real de la caminata. Esta primera parte bajo el sol es dura, pero luego el camino es poco empinado y se hace mucho más ameno. El primer paso sería llegar al primer campamento Taghapari, desde allí estaríamos a medio camino del campo base.

A eso de una hora pasamos una pequeña casita con cabras y un par de niños jugando que nos acompañaron unos 200 metros del camino. Llegada la cascada teníamos instrucciones de seguir “hacía la izquierda”, pero no vimos ninguna opción que no fuera escalar la cascada (efectivamente a la izquierda), fue desde ese momento que la subida se tornó en suplicio y aunque gracias al GPS sabíamos donde estábamos sabíamos también que ese no debería ser el camino. Una vez escalada la cascada pasamos Tagahpari a un lado. En un intento frustrado por encontrar la ruta nuevamente terminamos en un rio seco que claramente llegaba hasta nuestra pequeña cima y decidimos seguirlo, la empinación era de más de 50 grados.

Pasamos momentos de horror, sobre todo por inútiles, un par de días antes hablamos con Tatiana y Javi, de Caminando por el globo que habían hecho el camino un par de meses antes que nosotros, nos contaron como terminaron subiendo por un camino horriblemente empinado y tuvieron que bajar a toda prisa porque arriba no había nada de nada y no fueron preparados para pasar la noche. Recordé nuestra mochila, la misma que nos estaba desangrando subiendo por el que probablemente sería el mismo camino empinado que ellos.

5 de la tarde, ya habían pasado casi 4 horas y aún no habíamos llegado, Jesper comenzó a tener problemas con la altura así que durante los últimos metros de la escalada lo hice con la mochila de camping al hombro. Era frustrante, podíamos ver la pequeña cima y sabíamos que lo más probable es que el camino, desde allí, tomase otra perspectiva, pero era imposible seguir subiendo a buen ritmo. A todo esto la vida quiere reírse de ti un rato, un pastor y sus cabras bajando por el rio seco como si se tratara de la rambla, en chanclas y sin complicación alguna. Nosotros ya nos lo tomábamos con humor, estábamos ahí ahí, pero nada que llegábamos.

En cuanto conseguimos pasar la cresta todo tomo sentido, no solo tomo sentido, todo valió la pena con creces. Allí nos esperada el inmenso glaciar, preparado para nuestros ojos, estar tan cerca de semejante estructura fue uno de los mejores regalos que la montaña pudo darme. Rakaposhi me daba la bienvenida y me peguntaba con una sonrisa “¿Por qué tardaste tanto?”,

Me enamoré del Rakaposhi como el que se enamora de una estrella de televisión, de una manera absurda e irracional, me senté en el precipicio a observar la magnitud del glacial y el poco camino que nos faltaba, a sentir el aire en la cara y a dejar, a su ritmo, que Rakaposhi nos diera la bienvenida. Una vez allí retomamos el camino, caminamos al lado del glacial los últimos metros en un acantilado intimidante y precioso y finalmente llegamos al campo base, un campo base en el que todo lo que había eran las vacas, un burro y nosotros.

6:15 pm, llegamos antes del atardecer, caminamos un poco más por los alrededores una vez ya plantada la tienda en una superficie sorprendentemente plana y cuando la noche cayó cocinamos lo poco que teníamos y nos fuimos a dormir en medio de la montaña más hermosa que he visto en mi vida.

El Rakaposhi es la falda de la montaña más alta sin roturas en su ascenso, más de 6000 metros de pendiente ininterrumpida, con sus 7788 metros de altura es la cima número 27 más alta del planeta. Todos esos números dejaban de tener sentido pasando una noche en sus brazos y despertando con el sonido del agua deshelando y las vacas lamiento tu tienda de campaña. No he vuelto a sentir nada parecido.

Compartimos desayuno con las vacas y el burro, hicimos las últimas fotos antes de partir y comenzamos nuestro descenso sin prisa pero sin calma, no sin antes despedirnos, unos 30 minutos sentados con el glacial delante.

Encontrar el camino correcto fue casi vergonzonso, bastante antes de tocar la cascada el camino tomaba una curva a la izquierda y seguía con su escalada a niveles más que manejables.. En realidad, de haberlo hecho por el tramo correcto hubiésemos tardado la mitad, pero bueno, quizá no habría tenido la misma gracia.

Llegamos a la parte final del recorrido, de nuevo la carretera sin alfaltar zinzageante, por ella subían algunos lugareños con burros cargados hasta arriba, iban preparados para establecer el campanento que daría inicio a la temporada, llegamos a los campos de cereza y los recolectores nos dieron la bienvenida con un buen manojo de las cerezas más ricas que hemos probado hasta ahora, terminamos los últimos metros y volvimos al hotel donde nos esperaba Osho con un té caliente.

Pasamos un par de noches más en Minapin. Para los más audaces, con más tiempo y experiencia, se puede continuar el camino hacía el campo base del Diran cruzando el glacial, nosotros nos lo habríamos planteado pero nunca hemos cruzado un glacial en la vida y no queríamos que fuera la primera y la última así que lo dejamos en la lista de las cosas por hacer.

Sin duda una la caminata al campo base del Rakaposhi es una de las mejores cosas que he hecho en este viaje.

 

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Un poco de sur

Somos Valen y Jesper, almas de este blog y compañeros de viaje y de vida. Si quieres saber más sobre nosotros puedes hacerlo aquí

6 Comments
  1. Hola chicos, siempre sigo sus historias y no dejo de emocionarme!

    Pakistan es un destino que tengo pendiente hace años y lo vengo postergando. Todos me dicen que los paisajes son increíbles, tendré que conocer Rakaposhi, por lo pronto mi admiración es para Machu Picchu 🙂

    Un abrazo grande y no dejen de publicar sus aventuras

    Ale Nuñez

    1. Hola Ale,

      Gracias por tu mensaje, aquí seguimos, de a poquito pero avanzando 🙂
      Rakaposhi me rompió la cabeza. Eso sí, tu elección no se queda para nada lejos eh! Adoro Machu Picchu

  2. Un sitio realmente espectacular y las fotos preciosas.

    ¡Qué envidia me dais los que podéis ir a estos lugares!, consideraros afortunados.

    Gracias por el artículo y un saludo.

  3. Para mí, las montañas, son grandes señoras sabias que te cuidan desde tu primer contacto con el ,mundo exterior. Las nubes y el sol reflejan su estado de ánimo y los habitantes de la ciudad se mimetizan con ellas. Vivo rodeada de ellas y son las únicas que saben mis secretos. Saludos Valen y Jesper desde el la ciudad màs austral del mundo los recordamos con <3

    1. Agatha!

      Ahora tengo a tanta gente conocida que vive en Ushuaia que me duele estar tan lejos… esperamos poder pasarnos pronto a darles unos buenos abrazos a todos. De momento nos conformamos con estos pequeños intercambios 🙂
      Mil besos!

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