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La simbología tradicional y las imágenes que nos evoca el caracol nos ayudan a reflexionar sobre algunas de las implicaciones de llevar una vida nómada en la actualidad. Este es el caso de los nómadas digitales, los viajeros de larga duración y los mochileros, a pesar de ser todas estas experiencias singulares comparten algunos elementos en común entre sí y con el caracol. 

La casa a cuestas

Una de las más evidentes asociaciones entre el caracol y la vida nómada es, por supuesto, la de llevar la casa a cuestas.  Para algunos nómadas el comprar una vivienda o  endeudarse con  una hipoteca no es percibido como una seguridad para el futuro sino como una atadura para el presente.  Se renuncia entonces a esa percepción de seguridad a cambio de  la libertad de moverse  y mudarse  de casa cuando  las necesidades o los deseos lo  requieran.

Para algunos nómadas el comprar una vivienda o el endeudarse con  una hipoteca no es percibido como una seguridad para el futuro sino como una atadura para el presente

Sobre la casa en el viaje, uno de los aspectos que resultan más apremiantes cuando viajamos es encontrar un lugar para vivir. La vivienda no es solo una estructura física que nos permite protegernos de las inclemencias del tiempo sino que es un espacio cargado de significaciones.  

A su vez, el lugar donde vivimos también se relaciona con la manera como nos sentimos con nosotros mismos, como nos presentamos y somos vistos por los demás (símbolo de estatus-referente social). Es además el ámbito donde vivimos nuestra intimidad y construimos los vínculos más personales. Al buscar un sitio para vivir tenemos la expectativa de que sea un lugar relativamente cómodo (para los nómadas digitales, por ejemplo con suficiente luz natural y por supuesto que tenga una buena conexión a internet,  nuestro trabajo depende de ello) pero que además posea otras características que nos permitan sentirnos como en “casa”.  

Aquí es donde volvemos a nuestra comparación inicial: el caracol construye su propia casa y la lleva a cuestas.  Los nómadas llevan a cabo ciertas estratégicas para poder hacer de su vivienda temporal, un hogar. Puede ser que siempre lleven consigo algunos objetos, fotografías o recuerdos y los ubiquen en su nueva morada para sentirla más familiar. Quizás realicen algunos “rituales” o se comporten de determinada manera en el espacio para poder poco a poco sentirlo como propio.

Para algunas personas  que viajan constantemente  la sensación de familiaridad y constancia en los espacios se las brinda su ordenador portátil.  Allí es donde guardan sus fotos, su música, sus libros, y es el medio también mediante el cual pueden comunicarse con sus amigos y familiares desde la distancia.

Uno de los efectos de asumir que nuestra casa es temporal, es la necesidad de mesurarse en los deseos de acumular ropa, objetos de decoración, libros y demás cosas, ya que sabemos que en un tiempo tendremos que cargarlas con nosotros o abandonarlas. Las restricciones en el equipaje en algunas aerolíneas ha afianzado el espíritu minimalista de los nómadas.

Autosuficiencia

El caracol es un ser solitario, lleva su casa a cuestas y vive en un mundo en el que no necesita de los demás. Por su lado, el viajar constantemente implica para los nómadas renunciar a las seguridades y apoyos inmediatos que nos pueden brindar amigos cercanos o familiares. El nómada tiene que buscar esos referentes de seguridad dentro de sí mismo, quizás en su confianza para sobrepasar los obstáculos o en su capacidad de valerse de sus  recursos personales para salir adelante. De todos modos se ve abocado a convivir con cierto grado de incertidumbre. De igual manera, para el nómada resulta útil llegar ser un buen compañero para sí mismo. Le es imprescindible aprender a disfrutar de los momentos de soledad, ya que en cada destino tiene que construir casi desde cero un tejido social.

Capacidad de adaptación

Como especie, el caracol ha conseguido adaptarse para vivir en ríos, lagos, montañas, árboles, pantanos, mares, también se acondiciona a climas fríos realizando periodos de hibernación. Por todo lo anterior se le considera también un símbolo de la capacidad de adaptación, condición inapelable para los que deciden hacer de su vida un viaje.

Los nómadas tienen que acomodar sus expectativas y deseos a las realidades con las que se encuentran en cada destino. Poco a poco se van generando habilidades que permiten que los periodos de adaptación sean más cortos y se realicen de una mejor manera. Hay que adaptarse a climas, comidas, espacios, a costumbres y modos de ser que nos pueden parecer irracionales. El viajar permite diluir prejuicios e ideas fijas sobre nosotros mismos y sobre el mundo en general.

El viajar permite diluir prejuicios e ideas fijas sobre nosotros mismos y sobre el mundo en general.

Dejando huella

Para desplazarse el caracol suelta una sustancia que le permite desplazarse dejando una huella a su paso que luego es absorbida por la naturaleza. Muchos de los nómadas desean dejar una huella transmitiendo los aprendizajes de sus experiencias. Hay miles de blog de viajeros en todos los idiomas, (eso sí, unos más logrados que otros), en los que comparten estrategias para vivir viajando, o maneras de descubrir y  disfrutar lugares particulares. Para algunos el compartir sus experiencias es también una fuente de ingresos, pero para muchos otros solo suple su necesidad de compartir su mundo de viajero a través de sus escritos y fotografías.

Nómadas y caracol

Lentitud

Al caracol como a la tortuga se le suele asociar con la lentitud.  A los nómadas les agrada diferenciarse de los turistas tomándose más tiempo, alejándose de la idea de turismo que normalmente se asocia al consumismo, rapidez y superficialidad.  

Al nómada le gusta verse como alguien que se da el tiempo para degustar a profundidad los paisajes, las gentes,  los sabores. El pasar largo tiempo en un lugar le permite -en ocasiones- enterarse de algunas de las dinámicas locales. El sueño de muchos nómadas es llegar mimetizarse entre los lugareños, ser uno más. 

También, para muchos, la lentitud en los nómadas ha implicado salirse del discurso de la carrera exitosa. Estudiar, trabajar, comprar una casa, casarse, tener hijos, acumular dinero suficiente para  jubilarse y solo entonces  disfrutar de la vida y, si acaso poder viajar, no es la meta que se propone el nómada. Con paso lento se conduce por su propio sendero, muchas veces incierto. Algunos nómadas han apartado o dejado de lado carreras profesionales consideradas exitosas y han optado por la lentitud de viaje y las experiencias vitales que pueden encontrar en él.  

Decrecimiento

“El caracol construye la delicada arquitectura de su concha añadiendo una tras otra las espiras cada vez más amplias; después cesa bruscamente y comienza a enroscarse esta vez en decrecimiento, ya que una sola espira más daría a la concha una dimensión dieciséis veces más grande, lo que en lugar de contribuir al bienestar del animal, lo sobrecargaría. Y desde entonces, cualquier aumento de su productividad serviría sólo para paliar las dificultades creadas por esta ampliación de la concha, fuera de los límites fijados por su finalidad. Pasado el punto límite de la ampliación de las espiras, los problemas del sobrecrecimiento se multiplican en progresión geométrica, mientras que la capacidad biológica del caracol sólo puede, en el mejor de los casos, seguir una progresión aritmética”

Esta popular  cita de Ivan Ilich ha catapultado al caracol como símbolo del movimiento de decrecimiento económico que se propone como alternativa  más justa, así como respetuosa y sostenible, para el ecosistema.  

Dejar de lado el camino del éxito que nos impone la sociedad también ha implicado adaptarse a cierta austeridad, a la búsqueda de un bienestar  más enfocado en las experiencias que en el consumo. Y esto conlleva un decrecimiento en objetos decorativos, en ropa, en ciertas comodidades, seguridades y reconocimientos.  

La espiral como símbolo de regeneración, transformación, viaje del héroe.

En algunas culturas tradicionales como la egipcia o la maya, el caracol  se asociaba con cambios y regeneración. También se le han dado correspondencias con la luna, con la fertilidad, con la creatividad; así como con el interminable proceso de vida, muerte y renacimiento.

Para el psiquiatra suizo Carl Jung, la espiral era un símbolo idóneo para expresar el proceso de individuación, es decir el camino de realización de nuestro ser más profundo. Este camino no sigue una trayectoria lineal, sino que circula en torno a un mismo eje pero en diferente plano.  Para algunos nómadas su viaje se constituye en un cumulo de experiencias que los confrontan y los movilizan a modos distinto de ser, es un catalizador para el despliegue de aspectos que habían permanecido ocultos.  Sobre ello escribí más a fondo en este otro artículo

La espiral como estancamiento, regresión: la vida provisional.

Todos los símbolos complejos también son ambivalentes y por ello pueden tener distintos significados.  La espiral que es símbolo de transformación y evolución, puede interpretarse también como símbolo de estancamiento o regresión.   

La vida nómada puede ser vista para algunos, como una manifestación de lo que  la psicoanalista Marie Louise Von Franz, denominó la “vida provisional” del puer aeternus o “los eternamente infantiles”. Este concepto hace referencia a aquellas personas que mantienen durante toda su vida, o gran parte de ella, características que corresponden a personas entre los 14 y 18 años.  Los puer aeternos,  llevan una vida provisional, a la espera de que algún día encontraran un lugar, una persona, o un trabajo que los satisfagan de manera plena. La vida adulta y las responsabilidades que ella implica las perciben como ataduras asfixiantes.  No se vinculan plenamente con nada, ya que les atormenta el hecho de estar pudiéndose perder maravillosas oportunidades que pueden llegar en el futuro. En su fuero interno se consideran sumamente especiales y sueñan con que algún día se les reconocerán sus peculiares aptitudes.

Como los niños, pueden dedicar muchas horas y energía a cualquier emprendimiento que les entusiasme, pero en cuanto llega el tedio de lo cotidiano, les cuesta mantener algún tipo de  disciplina. La vinculación entorno a los objetos, personas y lugares oscila entre la fascinación y el desencanto extremo. Ante cada desencanto emerge una nueva búsqueda. Muchos de los puer eternus sienten fascinación por las emociones intensas y las experiencias extremas, estando en constante búsqueda de ellas.  

En este sentido, los viajes para muchos nómadas pueden ser un intento de huida, pero como el popular cuento de Muerte en Samsara, o como sucede en diversos mitos como en el de Edipo; muchas veces allí a donde huyas te encontrarás lo que has querido evitar.  La madurez y la responsabilidades que se quieren evadir se las encuentra el viajero en las circunstancias que se ve obligado a confrontar.

La espiral que es símbolo de transformación y evolución, puede presentarse también según el contexto como símbolo estancamiento o regresión.

Hermafrodita

El caracol es hermafrodita por lo tanto contiene dentro de sí los dos sexos ¿y los nómadas?  Quizás no sea conveniente seguir estirando la metáfora,  aunque si dejamos discurrir un poco  la imaginación, seguro que es posible encontrar  alguna asociación entre la sexualidad de los caracoles y la vida nómada contemporánea ¿alguna idea?

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Daniel Ulloa

Soy psicologo-psicoterapueta de orientación junguiana. Me dedico a la psicoterapia online. Me encuentro escribiendo una tesis doctoral en Antropología Social. Escribo artículos sobre psicología, antropología, sociología. Desde hace 2 años tengo la fortuna de viajar mientras sigo trabajando.

3 Comentarios
  1. El caracol es una metáfora estupenda de la cosmogonía del nómada. Lo del hermafroditismo del que se refiere -siendo el caracol una metáfora del pensamiento- tiene que ver con la armonía dialógica que un nómada tiene en su interior de formas de pensar masculina y femenina (finalmente roles sociales). Y este hermafroditismo sensible no evita que biológicamente seamos hombre o mujer y se establece como un médium que permeabiliza nuestra comprensión de otros roles.

  2. Hola, interesante árticulo. Yo también soy psicólogo y me estaba imaginando si habría alguién que fuera un psiconomada (jeje) me alienta a intentarlo. Gracias. Ya mandé un correo por si podeis ayudarme en algo.

    Una corrección no es muerte en Samsara es en Samarra. Samsara es el eterno ciclo de la vida. Samarra la ciudad del cuento.

    Gracias otra vez.
    Un abrazo y buen viaje. 😉

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