Lee el relato anterior en

Me imagino que habrás llegado hasta aquí por la curiosidad, por aquello que te repites de «yo no podría dejar de comer carne» pero sabiendo que deberías dejar de hacerlo. Yo no puedo darte la receta mágica para que lo logres, pero puedo explicarte mi viaje y mi transición a ser vegetariana.

Un poco de contexto

Crecí en un país donde todo se celebra con un asado (una barbacoa) y donde la carne es casi el plato principal de cada comida, que coño, tuvimos un negocio familiar al que no le fue nada mal llamado Filemón carne brasa y carbón donde hacíamos asados para hasta 600 personas. Así que como podrás comprender lo que vengo a decir es que la carne siempre ha sido una parte muy importante en mi vida y obviamente, aunque emigráramos, una buena cantidad de eso se quedó conmigo.

A eso le vamos a sumar que desde pequeña que odio los vegetales. Realmente era imposible hacerme comer algo rojo o verde y luego de adolescente lo decía con sarna, cómo si me sintiera orgullosa de ello cuando la realidad es que mi nutrición dejaba mucho que desear. Pero bueno, todos hemos tenido 15 años y sido estúpidos.

Puedo deciros con vergüenza que aún hay muchas frutas que no he probado y otras muchas que simplemente no disfruto (pero que tendré que disfrutar en algún momento) y que yo, era todo lo opuesto a un ser vegetariano pero que he cambiado porque cambiar es posible y la vida es cambio.

Desde hace dos años finalmente di el paso y me hice vegetariana, eso no significa que no haya comido carne pero eso os lo explicaré ahora. En cualquier caso quería contarte mi experiencia por si te ves identificado en alguna parte del proceso y te ayuda a seguir dando pasos.

Volviendo a aprender a comer

Cuando tenía unos 20 años un buen amigo básicamente me alimentaba en su casa en verano, en realidad era porque yo no tenía un peso pero además lo pasábamos bien. Yo además odio cocinar, así que cualquier oportunidad para que alguien me diera comida era como ganarme una lotería. El cocinaba lo que llamaba «menú infantil» porque como os podéis imaginar mi margen gustativo no era demasiado amplio y recuerdo que una vez me dijo «no te gusta cocinar porque no te gusta comer» y primero pensé que se estaba pasando y luego me di cuenta de que en realidad tenía razón. Es decir, obvio que me gusta comer, obvio que disfruto de una buena comida y de algo delicioso pero la verdad es que no me va al vida en ello, no es mi prioridad y desde luego si lo comparo con gente que realmente vive al rededor de la comida pues yo no soy una de ellos.

Es muy probable que hoy cocine más porque me gusta comer más pero aún tengo mucho que cambiar en mi vida y que seguir aprendiendo y casualmente dejar de comer carne abrió mi vida a una variedad de comida aún mayor a la que nunca le había dado una oportunidad. Claramente no pasé de no comer nada rojo y verde a solo comer vegetales, todo fue un proceso y ese proceso para mi comenzó con Jesper en mi vida.

Al contrario que yo Jesper disfruta cocinando, no solo eso, dice que le ayuda a aliviar el estrés (curioso mundo cuando para mi es un generador de ansiedad instantáneo). Desde que nos conocimos siempre se ha puesto en el fogón y son pocas las veces que ha hecho desastres. Ver a Jesper cocinar me ha devuelto la curiosidad, eso y ver como para él parece como respirar. ¿Sabéis cuándo no hay «nada en la nevera»? pues él va y te hace un plato riquísimo y además se curra la presentación como para que jamás tengas la sensación de que estás comiendo «restos».

En fin a lo que iba.

Gracias a su considerablemente más extenso bagaje alimentario el mío comenzó a ampliarse. Desde el inicio trató lo mío con paciencia, intentando encontrarnos en medio del problema. Si yo le decía «no me gustan los pimientos» pues él los hacía pequeñitos y bien fritos y poco a poco los iba haciendo menos pequeñitos y menos bien fritos hasta que hoy en día me los como sacados de la nevera… Así con todo. Paciencia infinita.

No, me imagino que no todos tenemos a un Jesper que nos obligue a comer de todo, pero me imagino también que si estás leyendo esto es porque te has planteado dejar de comer carne y la idea de cambiar está ya en tu cabeza. Está claro que tener a alguien que te fuerce a comer mejor siempre ayuda, no voy a negarlo, pero esa persona también puedes ser tu.

Si eres un desastre alimenticio como yo lo era, lo único que te puedo decir es que amplíes miras, que comiences con cosas simples y que añadas más color a tu vida, creéme, merece la pena y tu paladar se acostumbra y te lo agradecerá. Quizá primero para poder dejarlo tienes que pasar por esto, no lo sé, yo solo tengo mi experiencia.

Si ya eras una persona de comer variado entonces esto es pan comido así que sigue leyendo.

Dándome cuenta del problema

La verdad es que no sé cuando comencé a plantearme la cantidad de carne que comía, pero creo que también vino con la inclusión de más ingredientes en mi vida. Obviamente nosotros en casa la usábamos, pero recuerdo volver a casa de mis padres ya hace más de 3 años y llevarme una sobredosis. Tal es así que me acuerdo que en una semana el plato de cada día tenía un animal diferente sobre la mesa y hasta mi padre se enfado conmigo porque le dije que no quería más carne cuando «solo era conejo».

Así que supongo que esto es algo que comienza como una pequeña idea en la cabeza cuando también comienzas a cambiar un poco de hábitos. Antes de haberme acostumbrado a una dieta más variada probablemente no se me habría ni ocurrido o no me habría ni fijado. No culpo a mis padres, yo podría haber hecho esto. Mis padres comen ensaladas con casi todo pero como podréis imaginar para una persona a la que cualquier cosa fresca y cruda le daba asco pues no es un buen lugar donde comenzar y ya para cuando mi alimentación no eran 200 gramos de carne al día pues no era suficiente una ensalada de acompañamiento.

Poco a poco me fui dando cuenta de que las cantidades no eran normales, de que no podía ser que estuviera en todos lados y de que casualmente era algo que me saturaba.  Probablemente esa realización también se dio cuando comencé a interesarme más por el tema de la sostenibilidad y comencé a involucrarme más en el turismo responsable con animales y a seguir a más gente vegetariana y vegana.  En cualquier caso, siempre llegaba a la misma conclusión «para mi sería casi imposible dejar de comer carne».

Pero bueno, yo apenas como carne…

Eso mismo decía yo y siendo sincera si lo comparo con la escena anterior obviamente era mucho menos que hacía 10 años, pero recuerdo cundo una amiga vegetariana vino a casa y le solté la misma frase y me dijo «mira, a mi me da igual lo que comas o no comas, pero yo pensaba lo mismo y te reto a que durante un semana hagas una lista de todo lo que has comido y me dices cuantas veces tiene carne».

Yo pensé que comía máximo dos veces a la semana, pero claro, no estaba teniendo en cuenta todas esas cosas normalizadas que también son carne pero que «no lo parecen» porque no son una pata de pollo o un bistec sobre el plato. En cualquier caso hice lo que me dijo solo por demostrarle que yo estaba en lo correcto y lo que hice fue darme cuenta de que estaba muy pero que muy lejos.

Que si la loncha de jamón con el pan del desayuno, el atún de lata, las virutitas de bacon en la carbonara (bueno o en cualquier lado). Los embutidos como snack, los pedacitos de pollo en las ensaladas… ESTABA POR TODOS LADOS.

Para entonces volvimos a viajar y comenzamos la ruta por Asia y entonces volví a convencerme, «es que viajando es imposible» y lo volví a llevar a la parte de atrás de mi cabeza.

Hasta que me di asco a mi misma

Filipinas es probablemente el país del sudeste asiático donde peor he comido. No sé, no los culpo pero tienen que competir con lugares como Malasia o Indonesia que sinceramente fueron paraísos de variedad. También es probable que fueran un shock después de haber pasado 3 meses en India sin apenas comer carne por temas de salubridad y sin problema alguno de variedad, India casualmente nos sacó mucha carne de los platos sin darnos cuenta en todos los países que vendrían delante.

En Filipinas, especialmente en las pequeñas islas, la variedad de vegetales es mínima (y con mínima no miento, probablemente 5). Todas las carinderias o puestos callejeros la carne inunda absolutamente todo. Hay incluso más carne que pescado que debería ser el mayor alimento de la zona.  Me harté mucho de la carne en Filipinas, fue algo exagerado, me harté tanto que me pregunté a mi misma si tanto me molestaba porque simplemente no la dejaba de un vez pero otra vez «es que es muy difícil». Durante el último mes en el país casi siempre teníamos cocina y siempre que era posible Jesper cocinaba algo sin carne en el plato pero luego salíamos y seguíamos con lo mismo.

A la vez cada vez estaba más interesada en el tema, siendo una defensora del turismo responsable con animales siempre he sabido que yo sería completamente incapaz de herir un animal… ¿entonces por qué me los comía?. Terminé viendo un par de documentales con cosas que ya conocía (no es una novedad para nadie que la industria cárnica y láctea son un infierno y algo realmente despreciable) y llegó un momento en el que me di tanto asco a mi misma que no puede dejarlo pasar.

Me sentí como una hipócrita, tanto hablar de Oslob y de la gente que monta elefantes sabiendo que ambas cosas son horribles mientras yo sé que lo que hemos creado es horrible y sigo haciéndolo. Llegó un momento que no puede vivir con ello y cuando no pude vivir con ello simplemente dejé de hacerlo. Te prometo que no me costó ni repensarmelo, no tuve ni que sufrir por ello, no pensé que sería imposible, simplemente dejé de hacerlo.

Dejé de comprarla, dejé de pasar por el pasillo de las carnes, comencé a tachar mentalmente los platos de los menús y sin darme ni cuenta desapareció casi al completo de mi vida. Nunca fue un problema, no fue complicado, en general no la extraño y desde luego como mucho mejor y mucho más variado.

Dejar de comer carne

 

¿Por qué dejé de comer carne?

Aquí está el tema y cada uno tendrá su respuesta. Yo personalmente no creo en no comerme un animal, lo que si que creo es que la desconexión que hemos creado y las fabricas de dolor que de allí han salido son una desgracia. Mi madre llora cuando tiene que matar un gallo ´porque ella es incapaz, tiene que llevárselo a una abuela del pueblo sollozando y yo no le digo nada por que como mínimo ha llorado por ese gallo.

Hoy en día hay niños que no salen de donde viene la carne de pollo aunque la lleve en su nombre porque creen que la produce el supermercado y aunque no lleguemos a esos extremos la realidad es que nosotros nos hacemos los ciegos a todo lo que sabemos que pasa para que ese pedazo de carne perfectamente empacado llegue allí.

Dejé de comer carne porque hacer cualquier cosa a este nivel es insostenible ecológicamente y humanamente, porque no es posible que produzcamos animales solo para matarlos, al menos de esta manera en la que se han convertido solo en un producto y no en parte de lo que son, un ecosistema. Dejé de comer carne porque quiero poder dormir por las noches sabiendo que he hecho lo posible por no ir en contra de lo que creo. No quiero sentirme como una hipócrita, no quiero darme asco a mi misma y te prometo que una vez la motivación es clara el resto como decía, sale solo y sin esfuerzo.

 

Ok, estoy algo de acuerdo contigo, ¿qué hago, cómo dejo de comer carne?

Paso 1: Infórmate hasta que la verdad sea tan inevitable que tengas que afrontarla

Ya sabes lo que pasa detrás de ls paredes de los mataderos, pero si crees que te hace falta llegar al punto al que yo llegué entonces te dejo algunos de los documentales que vi durante esos 3 años anteriores:

 

Paso 2: Deja de comprarla, olvídate de la sección de carnes en el supermercado

Seguro que estarás pensando «¿Y que como entonces?», te puedo asegurar que el primer paso es desaparecerla de tu nevera para que la necesidad de haga abrirte de miras. Comienza a seguir blogs y recetas vegetarianas o veganas y verás todo lo que hay ahí fuera que te estás perdiendo.

Tan simple como eso, dos pasos.

 

Cometerás errores, no eres perfecto

He comido carne a lo largo de estos dos años, normalmente cuando hacemos una barbacoa en casa de mis padres (a los que veo poco y como os he dicho es algo importante) suelo comerme una «llonganissa xoricada» que es una salchicha que se hace en las fabricas del pueblo, son pequeñitas, me gustan y es una manera de valorar también la carne por lo que es. Me he comido 3 o 4 en dos años.

Una vez en Sudáfrica después de muchísima publicidad en las calles terminaos en un KFC porque estábamos convencido (después de verlo por todos lados) de que queríamos un pollo frito. La realidad es que no, en cuanto comenzamos a comer nos dio bastante asco. Nos costó terminarlo, tampoco queríamos tirarlo, eso ya era el colmo. Al final lo que queríamos era sofrito. Puedes ver esto y algunas codas más en las stories de instagram destacadas sobre comida vegetariana en nuestra cuenta

Esto no es una secta, no tienes que darle explicaciones a nadie. Casualmente los que te pedirán explicaciones sobre tu comida si va un día y te comes un pedazo de carne serán aquellos que nunca han hecho nada para clamar tu dieta, como si les debieras algo. No, no les debes nada. TU decides que te comes cuando te lo comes y porqué te lo comes. Cometerás errores, contigo mismo o con el planeta, no eres perfecto, eso no significa que no debas intentarlo.

 

Sigue leyendo en

Un poco de sur

Somos Valen y Jesper, almas de este blog y compañeros de viaje y de vida. Si quieres saber más sobre nosotros puedes hacerlo aquí

No Comments Yet

Deja tu comentario

Your email address will not be published.