Cuando tenía unos 5 años mis padres tenían un coche rojo, un Renault 12 que se llamaba Clementina. Luego más tarde me enteré que Clementina era el nombre de la madre de mi abuela. Siempre me gustó ese nombre, quizá por que me recordaba un poco al mío que para entonces era demasiado extraño y largo.

De la bisabuela Clementina comencé a escuchar todo tipo de historias: que su hija, mi abuela, no era hija legitima de su marido. Que la casaron a los 33 años porque se le «había pasado el arroz» con un viudo de unos 70 al que por supuesto no se le había pasado nada. Que su familia tenía fincas que había perdido en la guerra. Que sus antepasados eran vascos…

La familia de mi madre siempre ha sido un misterio que he tenido que ir completando con pequeñas historias de frases que dejaban caer. Creo que ninguno de ellos es consciente de lo poco que sabemos de esas historias, algunas supongo porque harán daño, otras porque simplemente dan por hecho que son poco importantes y nunca las han contado.  La realidad es que yo desde bien pequeña que intento poner el puzzle pieza por pieza sobre la mesa sin preguntar demasiado por miedo a estar removiendo mierda de algún lado.

Aquí la bisabuela, con su marido y luego con mi madre.

Durante el viaje a Colombia me pasé por Manizales, la ciudad que la vio nacer solo por recorrer una pequeña parte de los trazos de esas historias sin saber muy bien donde estaban pero como mínimo sintiéndolas un poco más cerca. Mi bisabuela terminó embaraza del hombre al que le cuidaban la casa, un asturiano emigrado a Colombia del que solo teníamos un nombre y una foto con su nombre y apellido apuntados a boli en la parte de atrás. Cuando mi bisabuelo murió a mi bisabuela embarazada, su marido octogenario y a mi abuela les echaron de la casa. Ese marido murió 4 años más tarde dejándola a ella con dos hijas y sola los 45 años.

Crecieron y a los 18 mi abuela terminó embarazada de mi madre. El chaval, de unos 20, se desapareció del mapa y se casó con otra ese mismo año. Sé que por alguna trampa del destino (una trampa orquestada por la bisabuela Clementina) consiguieron que mi madre tuviera su apellido en el registro y es hoy en día el que aún cargo. Que cosas… Dos generaciones cargando apellidos falsos.

Mi abuela crió a 4 hijos o sola o mal acompañada de tres hombres distintos, uno que nunca estuvo, uno que por lo que sé era un mal nacido y uno que no duró demasiado. Todo eso lo hizo viviendo en una pequeña casa, comiendo patatas y arroz aguado para que diera para toda la semana y aún así Clementina, el coche que tanto recuerdo, llegó a nuestra familia gracias al apoyo económico de ella y a esa tenacidad incansable que siempre la ha acompañado.

Mi bisabuelo biológico, mi abuela y mi tio (su hijo)

Pero no quiero desmerecer a mi padre, gracias a él tuve infancias rodeadas de primos, subidas a montañas, risas y peleas de almohada. Gracias a él también pude conocer a la única bisabuela que jamas conocí, una mujer con la cara siempre arrugada de la edad que vivió hasta casi llegados los 100 años. La bisabuela Melida.

Por su casa pasamos montones de niños gritando y saltando. Que paciencia infinita para una mujer que lleva en el mundo tantos años. De su casa tengo los más vivos recuerdos de mi niñez, subidas a la loma, haciendo cuajada con las manos… y a su casa pude volver y a visitar también a Anadelia, la mujer que fue siempre su ayudante y que de alguna manera fue casi como una tercera abuela en la distancia, a ambas y a ese espacio les dediqué ya un escrito hace unos años.

Pero seamos también sinceros, si de la familia de mi madre tengo pequeños retazos de historias de la familia de mi padre no tengo mucho pero quizá sea esa sensación de familia grande junta en la foto la que nunca me hizo pensar que le faltaran pedazos e hizo que la curiosidad no me picara por ese lado.

Las cosas tornaron un giro aún más «oscuro» cuando caí en el detalle de que mi abuela paterna lleva el apellido de la bisabuela y me pregunté, ¿cómo puede ser eso? Pues simple, porque su padre tampoco quiso dárselo. ¿Sabéis también que tienen esas tres personas en común aparte de ser mi familia? que todas son mujeres, me pregunto si fueran hombres si estaría yo aquí rebuscando apellidos a lo largo de la historia.

En todo caso lo miremos por donde lo miremos estas dos historias comienzan para mi con dos nombre femeninos. Bueno con eso y con dos bisabuelos desaparecidos.

Familia paterna

Todo eso además me lleva a la rabia, porque al final es la rabia la que mueve mi mundo no voy a negarlo. Durante todos estos años me pregunté si de haber sido todo distinto y mi abuela cargara su apellido mi bisabuela habría podido vivir más tranquila, mi abuela no hubiese tenido que sacar toda la vida castañas del fuego, no habríamos tenido que emigrar a España por la puerta de atrás, no habría tenido que trabajar en negro hasta los 21 años y no estaríamos ahora peleándonos contra el mundo para poder tener a mi abuela, una señora de ya sus 77 años, en el país que de hecho tendría que ser suyo por herencia.

Así que hace unos años me di cuenta que quería saber, y que hasta que no supiera no iba a poder dormir tranquila. Pedí un par de tests de ADN en oferta, le hice uno a mi abuela, a mi madre y otro a mi con la intención de que esto nos diera alguna pista o como mínimo pusiera sobre papel algo que ya sabíamos y vaya, nos quedó bastante claro.

El ADN de mi abuela
ADN abuela materna

Desde los tests pasaron los meses y yo iba abriendo la web de vez en cuando pensando que un día aparecerá un «match» que sería un primo o medio hermano de mi madre o algo similar y que por fin todo tendría sentido pero obviamente eso no ha sucedido, porque resulta que si quieres mirar hacía atrás no puedes solo mirar hacía adelante (que sorpresa de verdad).

Durante ese tiempo me he preguntado mil veces si remover la mierda que otros llevan tanto tiempo enterrando vale la pena, si realmente voy a hacer más bien que daño y ¿a mi realmente que se me ha perdido?. Pero la realidad es que da igual cuántas veces consiga acallarlas, las ganas de volverme Sherlock Holmes siempre vuelven con más fuerzas y me vuelven a pedir lo mismo, queremos respuestas.

Así fue como hace una semana decidí que ya no más, que no podía ser que siguiera aplazándolo, que creo que la abuela merece saber de donde vino, que creo que mi madre merece saber quien tiene su apellido, que mi padre merece conocer mejor la historia de sus antepasados y que aunque no parezca ser la prioridad de nadie igual ese es mi papel, volver a ponerlo sobre la mesa antes de que todo sea un nubarrón de datos. Pagué la membresía de la web del ADN y comencé una búsqueda loca que pensé que duraría otros muchos años o que quizá nunca terminaría. Solo una semana más tarde estamos a muy pocos casos de encontrar posibles primos vivos de mi abuela (o sus hijos o nietos). Sé que Villaviciosa fue el lugar del que surgió mi bisabuelo. Que su apellido Madrid no viene de Madrid sino de Andalucía y que en efecto, la bisabuela tenía antepasados Vascos.

He aprendido mucho esta semana, no solo sobre mi o sobre mi familia sino sobre la realidad de TANTOS a los que les pasa lo mismo y quieren respuestas. Cuando conté un poco de esta historía en Instagram pensé que los dramas de mi genealogía no le interesarían a nadie y que me tomarían por loca. La respuesta que ha tenido es tan abrumadora que me he visto con la necesidad de no solo encontrar a mi familia sino de compartir lo que he aprendido, todo lo que me ha servido, para que todos aquellos que busquen la suya puedan seguir un camino mientras yo sigo trazando el mío.

Toda esa información puedes encontrarla aquí: Buscando a mis antepasados ¿Cómo comenzar?

Aún me queda algo, pero he llegado tan lejos que no puedo ni creérmelo. Tengo aún muchas preguntas ¿de donde sale lo de sardos? ¿Podremos demostrar de alguna manera que mi abuela es hija del asturiano? ¿queda alguien vivo al que esta historia le sorprenda como a mi?… Creo que nunca dejaré de hacerme preguntas pero como mínimo podré dejar el puzzle medio completado y ya con eso seguir con mi vida sabiendo que he hecho todo lo posible por terminarlo.

Este viaje ha sido una montaña rusa cargada de emociones. Como el momento en el que recibí el email de la asociación de vecinos del pueblo del bisabuelo y me eche literalmente a llorar sin esperármelo, como si alguna extraña emoción se hubiese apoderado de mi cuerpo, como si una historia que quiere ser contada saliera a la luz por mis ojos, eso y ver como todo el esfuerzo, todas las preguntas, todos los incordios, todos los emails, todas las llamadas, todas las noches sin dormir, todos los documentos revisados… todo había valido la pena.

Aquí sigo, ya muy muy cerca, aún con tareas pendientes pero con mucho solucionado, y desde aquí animo a todo aquél que algún día ha sentido esa necesidad en seguir su curiosidad porque os prometo que no se va a ir a ningún lado.

Un poco de sur

Somos Valen y Jesper, almas de este blog y compañeros de viaje y de vida. Si quieres saber más sobre nosotros puedes hacerlo aquí

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