San Cipriano, camino a lo salvaje.

*Lee sobre nuestros días en Popayán aquí
Algunos dirán que estamos locos, nos tildaran de ineptos y nos odiaran pero….. Nos saltamos Cali y es que es verdad que Cali es Cali y lo demás es Loma…. Hicimos una pasada rapidísima, de Popayán un bus nos saco por 9000 pesos por persona y un duro regateo (los precios iban subiendo sin apenas darnos cuenta), dimos una vuelta por Cali en bus. Lo primero que me sorprendió fue el transporte publico… Ordenado, increíble! Nada que ver con lo poco que recordaba de la caótica Bogotá.

Pero… no queríamos más ciudad. Nos perdimos las noches de salsa, a las caleñas (que son como las flores) y muchas otras cosas más, estoy segura. Pero lo verde nos llamaba, queríamos algo oculto en la montaña y los ríos. Nos dirigíamos a San Cipriano.

El camino no es solo caro, es también tortuoso, las conexiones son mil y una y cada una es más difícil que la anterior. Una vez llegas a Cali los precios del transporte por tierra en Colombia se multiplican x5, nuestra ruta nos obligaba a parar en Córdoba, camino a Buenaventura. La ruta al pacifico esta controlada por un monopolio. Los buses solo los opera una compañía y por tanto los precios los impone esta, el precio no sería de menos de 20.000 personas cada uno por un viaje de 3 horas.

Nos desanimamos y mucho, y yo comencé a rogar a cada conductor, nos arriesgamos, no queríamos pagar todo ese dinero por lo que nos negamos a comprar el billete a ese precio y después de casi dos horas de andar merodeando por allí (sin el rubio y con cara de pena y de niña abandonada) conseguí que uno de los conductores se apiadara de mi y me vendiera dos billetes por 28.000 pesos.

El bus… de lo mas pintoresco. varios retenes de la policía por el camino, un caleño con ritmo gritando cada 15 minutos “SUBELE PAPI, SUUUBELEE” cada vez que el conductor se despistaba y le bajaba el volumen a la radio nuestro colega se despertaba. Si, si, cuando el volumen estaba bajo se le abrían los ojitos y comenzaba a cantar y a gritar “SUBEEELEE” a ritmo de salsa a altos decibelios pasaron nuestras 3 horas de viaje. Jesper reía entre sorprendido y saturado, pero volvíamos a oler el mar.

Llegamos a Cordoba de noche. Ya nos había advertido acerca de los conductores de brujitas que intentarían extraernos hasta el ultimo centavo que lleváramos con nosotros. Justo al bajarnos del bus un par de cazadores tardíos nos abordaron. Ir con el rubio hace las cosas un poco más complicadas, no pasa desapercibido con su 1,90 de altura y sus ojos claros. Para muchos no es más que una bolsa de dinero… en lo que ademas, están equivocados. Comenzó la batalla.

San cipriano Brujitas

Round 1

Conductor: “20.000 por ambos”
Yo: “¿Pero hermano, usted esta loco? Acabo de pagar 30 lucas por 3 horas y voy a pagarle 20 por 5 minutos en esa mierda moto?”

Entre risas y puñaladas traperas nos las íbamos soltando.

Round 2

Conductor: “Pero negra, no quiere quedarse aquí de noche, hoy llegan a San Cipriano”
Yo: “no tengo plata, le doy 8.000 y no le estoy regateando, no puedo pagar mas”
Conductor: “Pues pidale al mono”
Yo: ¿”Usted caga billetes? (mirada incrédula) Bien, pues el tampoco y ademas yo no tengo afán”

Round 3

Comenzamos a caminar cuesta abajo, probablemente allí habría otros miles de moteros dispuestos a llevarnos por un ojo de la cara. Bajábamos andando mientras el conductor nos seguía al lado.

Conductor: “10.000”
Yo: ” Ya le dije, no estaba regateando, o 8.000 o nada”
Conductor: “Mami nadie la va a llevar por 8.000”
Yo: “Pues entonces me quedare en Cordoba”

Round 4

Después de varios enfados, de llamarme terca y de simular que se alejaba finalmente volvió y acepto el precio y por 8.000

Esa noche llegamos a San Cipriano.

Seguir leyendo: San Cipriano, en lo salvaje Parte I 

Un poco de sur

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