El muro de la vergüenza

Vivir en Berlín es una experiencia para todos los sentidos. No hay en el mundo ninguna ciudad mínimamente similar a esta (con lo bueno y con lo malo). Berlín es un hermoso rompecabezas hecho con piezas de diferentes cajas, colores y formas que encajan en una extraña armonía.

La caída del muro de Berlín, hoy, hace 25 años:

Cuando la gente piensa en Alemania y en los alemanes siempre me topo con ideas muy claras… “Los alemanes son cuadriculados, no piensan fuera de la caja, son toscos” y, para muchos, hablan un idioma “horrible”. Para otros cuantos muy ignorantes son los malignos alemanes los culpables de todo: De las guerras, de la crisis, de que tu madre no te quiera…. De todo. Cuantos tópicos y prejuicios nos metemos gratuitamente en la cabeza, cuanta tontería. Días cómo hoy dejan muchos de esos prejuicios por el suelo, sin argumento alguno.

Berlin Postdamer platz
Tal día como hoy hace 25 años un muro de hormigón, que separaba sueños, dejo de existir. Hoy he visto gente llorando en las calles, he visto multitudinarias de maneras de celebrar la vida… He visto, he visto. He podido sentir toda esa frustración y toda esa alegría en primera persona.

El Viernes por la mañana Berlín se despertaba con una barrera de globos de luz, un poco como sucedió por aquel entonces un 13 de agosto de 1961 cuando un muro, este de ladrillo, se levanto de la noche a la mañana. Esa madrugada muchos berlineses fueron golpeados con una cruda realidad, una realidad que les acompaño casi 30 años. Desde este viernes miles y miles de personas caminan por lo que fue, un día, el muro de Berlín. Las calles se cortaron, las luces se apagaron, la música estalló y ciudadanos y visitantes caminan a lo largo de sus simbólicos 15 km de longitud.

Ayer me di un paseo en soledad por una Berlín repleta de gente, fotografíe lo que quise, escuche lo que pude y aprendi mucho de la ciudad que es ahora mi hogar y en la que me siento tan a gusto. Ayer, a lo largo de mi caminata, me encontré con un grupo de abuelos y sus nietos, caminaban poco a poco, siempre por un lado, sin cruzarlo, como si de un muro real se tratará. Uno de los más jóvenes del grupo me contó que lo hacían por respeto. Ellos, en efecto, quedaron encerrados en la parte este durante muchos años. A Matthias el que parecía más joven, le caían las lagrimas de los ojos mientras me lo contaba.

A lo lago de esta semana he podido conocer mejor algunas historias particulares, historias de miles de personas que vivieron la mitad de su vida con una pared de hormigón como frontera. He leído y conocido otras muchas historias rocambulescas sobre los pocos que consiguieron escapar, de las maneras más increíbles: Con una tirolína, con una colchoneta, con un avión ultra ligero, con un globo, con un túnel.

Y hoy, después de eliminar esa frontera de la ignorancia que hace mucho me prometí traspasar, puedo decir que cuando me preguntan: ¿Cómo son los alemanes? No puedo más que responder: El pueblo más tenaz que he conocido.

Berlin Fall of the wall 25 years

Hoy hace 25 años un pueblo con ansias de libertad hizo caer un muro de vergüenza que los separo durante casi 30.
Hoy Berlín es pura vida.

¿Cuantos muros más tendremos que levantar y tirar abajo para darnos cuenta?

Un poco de sur

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