Mompiche y sus arenas negras

*Lee sobre nuestros días en Canoa
Salir de Canoa no fue fácil, aceptar que tendríamos que seguir moviéndonos fue una idea que nos dio hasta pereza. Por fin habíamos encontrado ese rinconcito en el pacifico del que no queríamos deshacernos, pero por mucho que nos doliera era la realidad, teníamos que seguir avanzando. Fueros esos los días  en los que nos dimos cuenta de que “Habíamos cometido un error”, cometimos el error de ponernos una fecha de vuelta.

Muchos de los qué están planeando un viaje pensarán que es quizás menos arriesgado tener una fecha de regreso, te da esa sensación de seguridad, ese “plan”, da un poco de miedo eso del no saber  “¿cuando volveré?”. Pero de todo corazón lo digo, habría sido todo mucho más ameno sin tener prisa por llegar a ningún lugar y es un error que en un viaje de gran envergadura prometo no volver a cometer. Desde luego, el viaje lo hemos disfrutado pero en algunos puntos creo que los meses podrían haber pasado sin darnos cuenta, como por ejemplo en el caso de Canoa.

En fin, volviendo al camino. Salimos con la idea de seguir la costa, tomamos un bus por 2,5 dólares c/u  a pedernales y volvimos a recurrir al cajero automático por si las moscas. De allí tomamos un bus a Chamanga por 1,5 dólares c/u y finalmente de Chamanga salimos hacía Mompiche.

No fue fácil llegar, una vez allí el bus te deja en la carretera y hay que compartir un taxi para poder llegar al pueblo como tal, y entonces muchos se preguntaran nuevamente  ¿que hay en Mompiche que valga tanto la pena?

Mompiche mochileros

Bien, en Mompiche hay, entre otras cosas, un Decameron 5 estrellas con todo incluido… Está a unos 4 km del pueblo y es la construcción más horrible que he visto en mi vida. Pero no, no fue el Decameron 5 estrellas lo que nos llevo hasta allí, fueron sus calles sin pavimentar y su costa pacifica de arena negra la que nos llamó la atención y sin apenas pensarlo allí nos dirigimos.

Mompiche parecía un caos total, caminamos alrededor, buscamos alojamiento y la cosa pintaba mal. Al parecer el Decameron no solo había arruinado el paisaje (lejano por suerte) sino también al turista y era imposible o casi imposible encontrar nada por menos de 20 dólares ambos.

Le dije a Jesper que lo mejor seria hacerlo por mi cuenta, os podéis imaginar que un rubio alto de ojos azules parece una bolsa de dinero por lo que algunas veces tengo que dejarlo atrás para negociar. Le di mi mochila y lo deje sentado en una esquina esperando mientras yo daba vueltas a todo el pueblo en busca de donde dormir.

Después de mucho rondar finalmente entré en un Hotelito (cosa que jamás hago) donde me encontré con una mujer encantadora llamada Mireya. Sin mucho negociar conseguí una habitación para ambos por 12 dólares con cocina. La luz se nos apareció, me fui a buscar al rubio y nos instalamos. El hotel en concreto se llama Hotel Pikero y está a primera linea de mar en una esquina.

Mochileros en mompiche

Tuvimos la suerte de tener una habitación con vistas al mar, un baño simple y un mosquitero que nos salvo la vida en varias ocasiones. Mireya no sólo fue una gran anfitriona sino también una muy buena compañía. En algún momento perdido viendo el mar por la ventana pasó un pescador con sus tesoros a la venta, un balde lleno de pescado fresco acabado de salir del barco. Compramos un par de peces de una libra y Mireya nos dio una avanzada clase de limpieza del pez de arriba abajo con una maestría que jamás he visto después de reír a carcajadas cuando ambos admitimos que no teníamos ni idea de como limpiar un pescado para cocinarlo.

Entre risa y risa lo conseguimos y después del buen rato la invitamos a cenar con nosotros, compartimos un pescado fresco a la luz de una pequeña vela (la electricidad no abunda) y charlamos sobre nuestras vidas.

La marea subía sorprendentemente en Mompiche por eso es fácil ver la construcción de hormigón y rompeolas que separan la playa de las casas. Durante el medio día usan la playa para jugar a fútbol y conforme pasan las horas el mar va cubriendo cada pedacito de arena. Mompiche es un lugar sencillo, con cabañas de bambú y pequeñas casitas, si caminas por la costa encuentras lugares increíbles en los que te quieres perder para siempre.

Llovió… nos llovió mil infiernos pero creo que eso lo hacía aún más divertido, tomamos un camino hacía el cementerio en el que acabamos rebozándonos en el barro, de allí seguimos caminando dirección Playa negra, durante el camino no solo conocimos la decepción de la carretera que lleva a el ya mencionado Decameron sino también un lugar olvidado en un camino lleno de zarzas y lleno de encanto.

El barro nos cubría medio cuerpo y la tormenta no iba a impedir que disfrutaramos de ese pequeño tesoro que era solo nuestro, nos quitamos la ropa empapada y comenzamos a embadurnarnos entre lluvia, olas y risas. La arena negra y fina nos cubría por completo, llovía y el mar estaba agitado pero disfrutamos como niños…

También nos habríamos quedado más tiempo en Mompiche y en sus arenas negras pero sólo pudimos parar un par de noches antes de partir y despedirnos del mar, y he de decir que fue una de las mejores despedidas.

Sigue leyendo: Quito y sus montañas

Un poco de sur

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4 Comentarios
  1. Que agradable es leer tus relatos, llegue a tu block por ver la distancia de Piura a Macara y ya voy a llegar a Quito con tu relato. Gracias.

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