San Cipriano: El miedo como no lo conocía.

*Lee sobre como llegamos a esta situación aquí
Sentados al otro lado del rio nos pasaron mil cosas por la cabeza…
La primera era como íbamos a dormir allí sin apenas ropa, nada que comer y tal humedad que era imposible ni intentar encender un fuego o que tipo de animales habría por la zona.

Nuestra llegada en brujita nos sirvió para darnos cuenta de la hora en la que el sol se pone, haciendo cuentas nos imaginamos que sobre las 6 pm el sol comenzaría a bajar y a las 6:30 pm sería totalmente de noche. Decidimos esperar un poco antes de entrar en pánico y nos miramos con alegría cuando nos dimos cuenta de que, en efecto, el rio iba bajando lentamente su nivel de agua. Eran las 3:30 pm , teníamos mucho tiempo por delante.

Sobre las 4:30 hicimos nuestro primer intento, durante la hora que estuvimos sentados nos dedicamos a preparar nuestras pocas pertenencias para el viaje… Como por arte de magia encontré una bolsa ziplock en la mochila que, aunque no me hizo despreocuparme del todo, me tranquilizo enormemente pensar que mi hermosa réflex podría salir viva después de haber perdido toda esperanza. Nos armamos con dos palos enormes que encontramos en las cercanías y nos dispusimos a intentarlo.

San cipriano cascadas

Rio San cipriano

Creo que si nunca te has visto en una situación parecida no te imaginas la FUERZA que tiene el agua… Es algo espectacular. Sabíamos que había una zona en la que, al nivel al que conocimos el rio, apenas cubría, así que de memoria intentamos recorrer ese camino tanteando con los pies mientras encontrábamos agujeros… El agua empujaba, y muy fuerte, y por más que quisiéramos aferrarnos, después de 3 o 4 metros la cosa se ponía peliaguda.

Llegó un punto en el que el nivel del agua me sobrepasaba la cintura, levanté un pie y ya no conseguí volver a ponerlo en el suelo. Me aferré a la rama que llevaba conmigo y que me aguanto durante los suficientes segundos para mirar a Jesper con total pánico y decirle que la corriente iba a ganarme. A lo largo de ese eterno segundo me agarró el brazo y ambos salimos disparados con el agua.

Hicimos nuestros mejores esfuerzos por volver hacia la orilla y aferrarnos con todo lo que encontramos, las manos se nos llenaron de tierra, parecía imposible agarrarnos a algo y la corriente volvía a alejarnos repetidamente en apenas unos segundos, por suerte conseguimos mantenernos unidos. Después de dos intentos frustrados -y de lo que calculo fueron unos 400/500 metros- logramos agarrar algunas raíces que aguantaron nuestro peso y pudimos escalar, conseguimos volver a tierra y caminamos hasta el punto inicial. Quizás fueron menos de 30 segundos, pero fueron los peores 30 segundos de mi vida (o eso creía).

Nos miramos una vez en tierra y lo primero que Jesper me pregunto fue:

“¿ Te metiste al rio con las gafas?”

En efecto,  no solo me metí con las gafas ¡sino que salí con ellas!…
Nos sentamos a reír a carcajadas.

Tuvimos que caminar un buen tramo hasta volver al punto inicial, por el camino nos volvimos a armar con un par de palos y nos sentamos a esperar mientras la risa nerviosa se nos iba escapando y los mosquitos comenzaban a llegar. A eso de las 5:30pm volvimos a intentarlo, esta vez metí mis gafas en la mochila, al menos esta vez sabíamos cuando era mejor volver atrás antes de salir arrastrados por la corriente.

Avanzamos un poco más que en nuestro primer intento, Jesper incluso pasó la mitad del rio. Yo por lo contrario me di cuenta de que si daba un paso más volvería a estar en la misma situación que una hora antes, las piernas me temblaban con tal fuerza que era imposible seguir manteniéndolas en tierra. Di la voz de alarma y volvimos sobre nuestros pasos.

Jesper comenzaba a ponerse nervioso, como era de imaginar, lo que me sorprendía era que, de hecho, siguiéramos ambos tan calmados después de todo aquello. Por mi parte me di cuenta de que no cruzaría ese rio, al menos no ese día. Intente mantener la postura, el sol comenzaba a bajar… quedaban pocas alternativas.

Sobre las 6:00 pm Jesper quería convencerme para volver a intentarlo, yo no quería decirle que sabía que era imposible. Le pregunté si él se veía capaz de hacerlo.  Me daba pánico quedarme sola pero al menos alguien sabría que yo estaba al otro lado… Se armó con un palo aún más grande y totalmente decidido me dijo que sí.

¿Recuerdan los 30 segundos mientras la corriente nos arrastraba? Bien, dejaron de ser los peores de mi vida y paso a serlo el minuto y medio que tuve que rogar en la orilla, mientras le veía cruzar, que el rio no se lo llevara. Comencé a pensar en las opciones que tenía si eso pasaba, tenía que actuar rápido, ¿qué podía hacer? Creo que termine decidiendo, inconscientemente, que me tiraría detrás de él. Mientras todo eso pasaba por mi cabeza me maldije por no haberlo hablado antes de que se lanzara al agua.

Avanzaba poco a poco y sin darme cuenta ya había pasado la mitad del rio nuevamente, con su 1,90 de estatura le era considerablemente más fácil que a mi… Llego un momento en el que vi como el agua subía y subía respecto a su cuerpo, le quedaban apenas unos pocos metros pero el nivel del rio le cubría ya casi medio torso… Yo, desde mi orilla ahogaba los gritos de animo y pánico, como si todo fuese lo más normal del mundo.

Finalmente llego, Jesper y mi mochila consiguieron cruzar el maldito rio. Desde la otra orilla me grito para que lo intentara, le dije que pasada la mitad no iba a lograrlo. Creo que valoró durante unos segundos si ir a pedir ayuda valdría la pena. El pueblo estaba a al menos 30 minutos de camino, la gente no era ni mucho menos la más amable que habíamos conocido y su español más que limitado.

Sin pensárselo dos veces dejo la mochila en el suelo y se volvió a meter al agua en mi dirección. Yo, desde mi orilla, interprete su plan como me dio la gana, me armé con mi rama y me metí al rio, conseguimos encontrarnos pasada la mitad. De alguna manera inexplicable me subí en sus hombros sin que el agua nos tumbara (sigo sin entender como y cuando) y nuevamente los segundos se volvieron eternos….

Llegamos a la orilla…
Llegamos a la orilla cuando ya oscurecía y quedaban apenas algunos rasgos de luz.
Llegamos a la orilla y no podíamos ni creérnoslo.

Nos abrazamos en uno de esos abrazos en los que las palabras sobran y sin que la risa nerviosa nos abandonara volvimos al camino.

Nunca había sentido tanto miedo en mi vida.

Sigue Leyendo: Volviendo al interior, camino a Salento

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Un poco de sur

Somos Valen y Jesper, almas de este blog y compañeros de viaje y de vida. Si quieres saber más sobre nosotros puedes hacerlo aquí

4 Comentarios
  1. Esperando a que estés muy bien mis preguntas son las siguientes:
    Qué lugar es ese y si hay lugar para hospedarse o de camping

    Saludos desde Chile 🙂

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