La vergüenza de ser mujer

El ultimo post lo “dediqué” a nuestro paso por Montañita. Y gracias a un post que os enlazare más abajo he recordado algo que allí me sucedió y que merece toda una entrada.

En nuestro afán por hacer de Montañita un lugar viable para quedarnos, decidimos aprender a surfear. Así, pimpam, sin conocimientos básicos, sin ayuda. Con tan solo una tabla que nos costo la barbarie de 5 dólares por una hora y nuestras ganas.

Como bien dije anteriormente Montañita tiene una fama que la precede, un lugar lleno de gente “superabierta y superfun“. Sí, gente que surfea, drogas, parties all night, cosas por el estilo. Así pues bien, también te imaginas que lo de ser “superabiertos” venga con otras cosas de la mano y no solo con la carcaza de cartón.

Vuelvo a lo que decía, después de nuestro frustrado intento de surfear, de mil rasguños y de darme cuenta de que no, no es divertido si te sientes como si estuvieras dentro de una lavadora donde el agua salada se te mete hasta en los lugares mas insospechados.. Decidimos darnos un descanso. Hacia bastante que no pisaba la playa y el sol era algo de agradecer así que, como de costumbre; Costumbre que tengo ya sea por mis “malas compañías” o por mi “mala educación” o simplemente porque así debería ser en todos lados, me quite la parte superior del bikini y me dispuse a tomar el sol al lado de mi novio blanco nuclear.

Hemos de recordar que estamos hablando de Sudamérica, donde la doble moral esta a la orden del día y hay ciertas cosas que es mejor mantener ocultas y que són “la vergüenza”. Pues bien, por un momento me sentí suficientemente fuerte como para que eso me importara un paquete y me libere de mi parte superior del bikini.

Estuve la mar de ancha durante varios minutos, tuve incluso la indecencia de irme y bañarme al mar y volver a tirarme al sol cual lagarto…. La alegría me duro poco, a los pocos minutos vino uno de los camareros/jefes/quienfuera supercool de uno de los chirinquitos de la playa. El, con su pelo largo y sus pantalones cortos de flores era la imagen de Montañita en si, todo en un comprimido y ADEMAS fue el mismo tío supercool que nos alquilo la tabla de surf.

Pues bien, con mucha decencia y educación se dirigió a mi y me soltó la siguiente frase:

“Te importaría taparte? hay niños alrededor”

Supongo que yo, que en mis momentos de fortaleza cuando decidí quitarme la parte superior del bikini no tuve en cuenta que frases como esta, que nunca espere oír, me dejarían a cuadros y totalmente perpleja. Se me bajo el subidon de gracia y aunque lo dijera muy digna y, al parecer, sin vergüenza alguna, acepte y seguí su razonamiento absurdo.

Recuerdo que pocos segundos después mi cerebro despertó del shock, me puse a babosear barbaridades a mi pobre rubio que en un principio no entendía el porque de mi enfado y es que en realidad, más que por lo contradictorio de la petición, fue por que me sentí estúpida. Me sentí estúpida al simplemente no haber dicho. No.

Vamos a ver, es decir, “hay niños alrededor” bueno, pues mira tu que bien, hace poco que vieron una teta y dudo que se escandalicen demasiado al ver una de nuevo. ¿O es que se nos olvida que fue una teta la que les dio de comer?
¡Pero aun mejor! Espera… Dejar mis tetas al sol es un ataque contra su educación pero ir a comprar chicles a un kiosco y encontrarte con pósters de mujeres en bolas encima de coches lujosos es toda una lección de vida…

Me tape, me tape las tetas y renuncie, y hoy, después de leer ESTE POST y de alegrarme de haber encontrado su blog he recordado mi vergüenza. La vergüenza de ser mujer, pero más aún la vergüenza por no ser coherente conmigo misma y no haber enviado al Hippiesurfer a la mierda.

Prometo solemnemente intentarlo mejor la próxima vez.

¿Quieres entretenerte? Lee esto:
Diez dias en la cárcel por hacer “Topless

Valen

He llegado desde muy lejos con mis trucos, mis complejos,
Una maleta llena de trastos y un cuaderno lleno de cuentos.
Soy la mitad de este viaje.

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