Bogotá: La larga espera

*Lee sobre nuestros días en Medellín y el Peñón de Guatapé
Este blog comenzó como un viaje con mi familia, una manera de mostrarles que no iban a matarme en Sudamérica, que nadie iba a secuestrar al alemán que viaja a mi lado y que, en general, amaba lo que hacía.
Para entonces no tenía muchos recursos, estaba comenzando, no tenía muy claro cómo o porque hacerlo así que simplemente comencé a narrar lo que sucedía. Lamentablemente lo hacía con prisas y basándome más en la ruta como tal que en las historias que la hacían.

Poco a poco y, cómo son muestra algunos de los posts, eso fue cambiando. Sin embargo, al haberlo comenzado de una manera, muchas veces vuelvo a tener esa  extraña sensación de que tiene que acabar de la misma, pero.. Resulta ser que Sudamérica ya quedo atrás hace más de un año y, por algún motivo que no conseguía comprender -hasta ahora- me estanqué con este blog en Colombia.

Mochileros en Bogotá

Cuando Jesper me preguntaba sobre Bogotá yo apenas podía responder, los vagos recuerdos no dejaban espacio para la certeza. Muchas cosas habrían cambiado y ¡Vaya si han cambiado!. Cuando bajamos del transmilenio -al que conocí por primera vez- y nos acercamos al apartamento de mi abuela no pude evitar sacar una sonrisa agria -de esas que recuerdan donde has estado y porque has vuelto- que se convirtió en pura alegría cuando la vi mirando desde la ventana preocupadisima por el hecho de que no quisiéramos tomar un taxi desde el aeropuerto para llegar y feliz como un niño al vernos llegar sanos y salvos.

Bajó a recibirnos cuando nos vio al otro lado de la calle, como la abuela que espera 13 años a su nieta. Hasta vergüenza me da pensarlo: “Que demonios he hecho para haber tardado tanto” era lo único que me pasaba por la cabeza mientras la veía acercarse con esa sonrisa llena de energía que la caracteriza, totalmente acicalada, esperando visita.

Mi abuela hermosa

Nos quedamos con la abuela durante tres días y no hicimos más que caminar por la ciudad, apenas visitamos sitios de interés, caminamos y caminamos por la candelaria y sus alrededores, intentamos irnos de copas una noche pero nunca llegamos al lugar en el que nos estaban esperando, y hasta tiempo para desencuentros tuvimos.

En nuestro días en la capital disfrutamos de los mejores desayunos del mundo con absolutamente todos los ingredientes posibles, habidos y por haber. Nuestros desayunos consistían en: Chocolate colombiano con queso derretido, almohabanas, envueltos, arepas, huevos (fritos, revueltos, pericos, hervidos), un litro de cafe para mi amigo el rubio, un bol de papaya cada día y todo el amor de abuela que aquella mujer sonriendo TENÍA que darme.

Mi hermosa abuela

Puede que no quisiera llegar con mis relatos hasta aquí porque mis encuentros y desencuentros con el pasado comenzaron justo ese día y el corazón me palpitaba fuerte, la cabeza me ardía, las piernas me temblaban y el terremoto que terminaría de sacudir mi vida no había hecho más que comenzar.

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Un poco de sur

Somos Valen y Jesper, almas de este blog y compañeros de viaje y de vida. Si quieres saber más sobre nosotros puedes hacerlo aquí

2 Comentarios
  1. Si, ya se que soy tu señora madre pero no puedo dejar de enternecerme por ese precioso relato y muy seguramente a tu abuela se le caera la baba, escribes precioso hija mia y sigue caminando en direccion a tus sueños.

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