La crisis de los 30 al otro lado del mundo

De pequeña me dijeron muchas cosas… que eligiera una vocación, una carrera, algo en lo que dedicar el resto de mi vida. Me dijeron que como mujer, a los 30 más me valía estar casada y tener hijos. Me dijeron que viajar era cosa de locos, de insensatos sin futuro, es más, me hicieron creer que yo simplemente no podría. Me dijeron que probablemente viviría y moriría en el mismo lugar del mundo, que tendría siempre los mismos amigos, que hablaría siempre el mismo idioma… Si me pongo a contar el número de mentiras que alguna vez me contaron seguro se me acaban los dedos de los pies y las manos.

Nunca supe muy bien que hacer con mi vida, no voy a engañar a nadie, es más, hoy en día aún no tengo mucha idea, pero mientras escuchaba tanta mentira mi yo de 5 años ya guardaba pesitos en un tarrito de metal pensando en algún viaje. Mi madre me preguntaba si era para viajar a San Andrés (isla del caribe colombiano), yo la miraba incredula… ¿Como iba a hacer yo todo ese esfuerzo para irme a San Andrés?. Ayy la sabiduría de los niños.

Hoy estoy aquí, 15150 Km más allá del lugar que me vio nacer, después de 4 meses viajando por Iran y Pakistan, recorriendo la distancia entre Delhi y Varanasi en un tren de 18H y en ese tren cumplo mis 30 años. Es importante el detalle porque lo hago con amigos muy distintos, con idiomas muy diversos, con miles de kilómetros recorridos, sin carrera, sin “vocación”, sin marido y sin hijos. Y aún con todo eso con más sueños y metas cumplidas de las que me jamás me dejaron creer.

Con 13 años mis padres me hicieron cruzan el mundo con cuatro cosas en la maleta en busca de una vida mejor. Yo no quería saber nada de aquello, pero ahí, sin quererlo, ya habían roto varios de los “pronósticos” de lo que sería mi vida. Conocí nuevos amigos, aprendí un nuevo idioma y viví en otro lugar del mundo.

Con 18 años me imaginaba que la vida se terminaba a los 30, de verdad, no exagero. “Para entonces seré un adulto” -me repetía- pero mira tú, sigo siendo una niña, una niña con burocracia, visas, impuestos, cuentas de banco, facturas, juicios y rutinas, pero al fin y al cabo una niña. Y mientras escribo estas lineas me pregunto para cuantos más años me dará el cuerpo, durante cuanto tiempo me sentiré de la misma manera, si no he movido simplemente la linea ¿Serán los 40 el final del mundo? y me entra un poco de estrés, porque oye, no soy de piedra y me gusta ahogarme en vasos de agua como al resto de humanos. Que le vamos a hacer.

Tomo un sorbo del chai que me regaló la chica india sentada al lado, que sin conocerme y sin hablar mi idioma me vio pensativa antes de ponerme a escribir. Sin mediar palabra me puso el vaso en la mano, como si un chai fuera de golpe a solucionarme la vida. Me entra la risa tonta, me mira, la miro, le doy las gracias y seguimos.

Siempre fui “realista” que es un eufemismo de negativa, cuando me preguntan porqué respondo que para ser pragmatica, la verdad lo hago para no decepcionarme si mis vaticinios se cumplen. Sí, lo sé, no es muy bonito, ni muy “sueña y lo conseguirás”, pero me ha sido útil y al final, como habréis visto, no me ha salido del todo mal.

Cuando tenía 21 años decidí dejar la universidad y pasé por la mayor crisis de mi vida, -depresión fatal incluida-  me programé a mi misma para aceptar que nada iba a salir bien, que probablemente nunca tendría un lugar donde vivir, que nunca encontraría pareja, que nadie jamás me contrataría y con todo eso, que obviamente nunca me iría mucho más lejos.

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Me vuelvo a reír, la chica me mira, no sabe muy bien que mierda hago delante del ordenador con semejante paisaje, yo tampoco para seros sincera, pero así voy poniendo en orden mis pensamientos. 18 horas de tren dan para muchos de ellos.

La cuestión, lo que venía yo a deciros, los 30 han llegado, a 60km por hora durante las últimas 4 horas para ser más exactos, y están aquí para quedarse. No se ha acabado el mundo, nadie tenía razón (ni yo misma), y si bien me da miedo pensar en el futuro lo miro con más ilusión y positivismo que antes. También venía a contaros que la crisis de los 30 no existe, al menos a mi estás ralladas mentales me dan cada bastante.

Gracias a todos por seguirnos, por leerme y aguantarme. Que queden muchos más y que el cuerpo nos aguante.

Un poco de sur

Somos Valen y Jesper, almas de este blog y compañeros de viaje y de vida. Si quieres saber más sobre nosotros puedes hacerlo aquí

5 Comentarios
  1. Sin expectativas nena! sin crisis ni tabúes. si bien el futuro asusta, reconfortate sabiendo que no es real. felicitaciones por otro año bien gasto.

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