La Carretera de la Muerte

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Salimos a las seis y treinta de la mañana. La camioneta nos recogió a nosotros y al resto de nuestro grupo. Puede que fuese fruto de la baja temporada, pero resultó ser que solo seríamos tres; lo cual nos dio cierta alegría -las masas no son lo nuestro-. Jesper, Daisuke y yo -ademas del conductor y el guía- subimos hacia “la Cumbre”, para desde allí hacer el descenso en bicicleta por la Carretera de la Muerte.

La carretera en cuestión es un tramo de ochenta kilómetros en total. Este tramo une el pueblo de Coroico con La Paz. Aunque el descenso se hace apenas por unos sesenta kilómetros y unos cuarenta kilómetros es el tramo estrecho y que ahora esta casi en desuso. El nombre de Carretera de la Muerte se debe a su larga y negra trayectoria: unos 209 accidentes y 96 personas muertas en promedio cada año.

La parte peligrosa es ahora atracción turística, para gente que -como nosotros- se le mide a bajarla en bicicleta; donde los tres metros de ancho máximo de algunos de sus tramos se hacen un poco más llevaderos por este medio, que en cuatro ruedas.

Así pues, hicimos la primera parte de nuestro descenso en pavimento, a una velocidad brutal. El frío se hace notar más a 4650 metros de altura y a primeras horas del día; por lo que es importante ir abrigados y con protección para la cara y las manos. Hicimos una parada, desayunamos y el coche levantó las bicicletas hasta el inicio del camino sin pavimentar -el que está actualmente en desuso-.

He de decir como curiosidad que es la única carretera de Bolivia -y creo que de Sudamérica- donde las reglas especifican conducir por la izquierda; ya que de esa manera se observan mejor los precipicios y los cruces. Esto significa que la bajada se hace en el borde más cercano al barranco… Pueden imaginar que cuando aún era de amplio uso para camiones y carros hacer la bajada en bicicleta debía de ser una experiencia un poco más aterradora; dando paso a nuestra derecha al sentido contrario.

La siguiente recomendación a tener en cuenta son los frenos hidráulicos. Si tenéis la opción de elegir en tu bicicleta toma una con frenos hidráulicos Básicamente se usa freno (mucho) y haciendo la presión que hay que hacer durante todo el trayecto con la mano congelada, esta acaba destrozada. No me quiero imaginar lo que sería sin los frenos hidráulicos. En todo caso el tembleque fue bueno. Por más que uno lo intente; el culo, las manos y los brazos acaban acordándose del camino. Así que no queda otra que asumirlo y disfrutar de la experiencia y el paisaje.

Durante el trayecto se cruzan varias cascadas, por lo cual el NO mojarse debería ser un delito condenado. Algunas veces hay derrumbes que impiden el paso del coche de soporte –como en nuestro caso- y estos derrumbes hacen que la jornada sea aún más entretenida.

¡Nos divertimos y mucho! El guía siempre estuvo allí para ayudarnos, incluso en la parte final, ya que debido a que el coche tuvo que seguir otra trayectoria, hicimos parte del ascenso al hotel -donde nos esperaba la comida- y, créanme, no fue fácil.

La piscina, comida y ducha -que esperan al final del camino- son un indescriptible placer después de tanto polvo y sudor. Al llegar al destino -un poco antes de Coroico- nos encontramos a tan solo 1200 metros de altura, en medio de las yungas, con lo que el cambio de temperatura es extremo.

Nosotros no volvimos con el coche. Quisimos quedarnos en Coroico e intentar dar la vuelta de las yungas. Aquí os explicaré cómo acabó la historia.

Un poco de sur

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4 Comentarios
  1. Hola… Quisiera saber con que empresa hicieron el tour y cuanto les costó?… Y muy bueno el relato, ya lo pondré como imperdible en mi viaje. Gracias.

  2. Buah, mira que me jacto de no tener muchas fobias “comunes” pero reconozco que no me gusta un pelo ir por esas carreteras si no conduzco yo XDD.

    Genial la foto de los tres :).

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