La carretera austral – A dedo por el sur de Chile III

*Lee las partes anteriores de nuestro viaje a dedo por el sur de chile, Parte I, Parte II
No nos lo podíamos creer cuando el conductor de aquel apretado coche nos miró y nos hizo una señal para que nos acercáramos. Puso nuestras maletas en el techo y nos empaquetó detrás con dos niños. Ya éramos cuatro en los asientos traseros.

La suerte por fin sonreía un poco. Era una familia de Temuco -en viaje solo varonil- quienes iban ese día hasta La junta. ¡Nada mejor podía pasarnos! Boris, Boris Jr, Matías y Payo fueron una de las mejores compañías de los últimos días y por eso les agradecemos. Hablamos de sus vacaciones por el sur, de Europa, de Chile y del mundo. Curiosos todos ellos, desde el mayor hasta el más pequeño… Payo; quien iba igual o más apretado que nosotros, en la parte de atrás del auto.

Nos despedimos de ellos en La Junta. Era tarde y debíamos buscar un lugar en donde dormir. Caminando por el pueblo y nos encontramos a Denia. Una niña de unos seis años, quien con astuta rapidez nos preguntó si buscábamos camping. Así era.. su mamá tenía uno. Nos llevó, nos dio los precios y nos dejó en una preciosa casa de madera con un cuidado jardín repleto de carpas.

El camping en cuestión es Vientos del sur. Cobra tres mil pesos por persona la noche y sus dueños tienen un ojo en el lo cual siempre se agradece. Cuenta con agua caliente y, aunque solo un baño, en mejor condición que muchos por los que hemos pasado.

Nos tomamos la mañana siguiente con demasiada calma. Hasta cerca de las nueve no comenzamos a empacar y sobre las diez llegamos a la carretera; siguiendo las recomendaciones de la dueña del camping que nos comentó que era mejor hacer dedo después del puente. Para nuestra sorpresa habían unos quince mochileros parados -desde la estación hasta después del puente- buscando un levante. ¡No íbamos a irnos de allí.

Hablamos incluso de intentar ir caminando a unas termas cercanas -quince kilómetros al    norte-; ya que no veíamos la posibilidad de salir de allí haciendo dedo. Estábamos a punto de ir a comprar agua a la estación cuando paso un auto. Casi sin quererlo y solo por intentar, levanté el dedo. No podéis imaginar la grata sorpresa que tuvimos al darnos cuenta de que eran los Boris y compañía… ¡otra vez! Como por arte de magia coincidimos por segunda vez en el camino.

Nos comentaron que estuvieron buscándonos por la noche para tomar una cerveza. Una pena que no nos encontraran y de esta manera haber estado más tiempo con ellos. Pero en todo caso, el destino caprichoso quiso que nos viéramos una segunda vez. Volvieron a apretarse como si no costara nada. Volvimos a poner nuestras maletas en el techo y emprendimos la marcha… ante la mirada atónita del resto de mochileros.

Por el camino Payo nos dio lecciones de pesca -era un gran aficionado- . Una vez en Villa Santa Lucia -nuestra parada-, nos ayudaron a construir nuestro artilugio para la pesca con mosca; después de unas pocas clases prácticas en tierra. Como de la nada, sacaron una botella de vino de la nevera del auto -todavía fría-. La descorchamos y durante la ultima media hora compartimos las copas de plástico con ellos. ¡Que bien nos hizo!

Esta vez si nos despedimos como debía haber sido. Les deseamos la mejor suerte del mundo y el encontrarnos de nuevo por algún otro lugar inesperado. Parecía que la mala suerte de los días anteriores estaba volviendo a su balanza… ¡El día de hoy brillaba!

La siguiente parada en la ruta debía ser Futaleufu, un pueblo chileno fronterizo. Nuevamente, al ir al camino, nos encontramos con varios mochileros intentándolo. Nos paramos a hablar con unos chicos que iban en sentido contrario y así, sin darnos cuenta, apareció un mini bus de la nada; con un cartel encima en el que se leía claramente: ¡Futaleufu!

Me eché a correr detrás del bus como alma que lleva el diablo, ya que probablemente pararía dentro del pueblo  y pasaría por nuestro lado. Después de unos trescientos metros -y la risa de todos sus ocupantes- logré alcanzarlo en la parada. Jesper -por suerte- tuvo la ayuda de uno de los chicos con los que hablábamos… mientras yo corría él arrastraba las maletas.

Resultaron ser los mejores dos mil pesos invertidos del camino. Mil por persona por un trayecto de unos setenta kilómetros en ripio…  ¡increíble! En menos de dos hora llegamos a Futa. Esta vez el día era solo luz y buenas noticias.

Sigue leyendo: Al borde chileno, Futaleufu

Un poco de sur

Somos Valen y Jesper, almas de este blog y compañeros de viaje y de vida. Si quieres saber más sobre nosotros puedes hacerlo aquí

4 Comentarios
  1. Hola amigos he leído todo su trayecto y me a sacado rosas, me pareció haber viajado con ustedes jajaja disculpa hasta donde avanzaron? Llegaron al final ? Se puede llegar a torres del paine desde ahí ? Saludos desde Ecuador

    1. ¡Hola Roberto!

      Pues no sabes cuanto nos alegra que viajes con nosotros, siempre e sbueno saber que alguien rehace nuestros pasos, ya sea con las historias o a pie de carretera.
      ¡Nada de que disculparse!

      Saludos 😉

  2. Hola chicos, soy Matías. Un gusto y agrado haberlos conocido y llevado. Cuando uno puede dar una ayudita siempre la daremos. Ojalá tengan un buen retorno.
    Tengo imágenes de nosotros con la botella de vino, así que si pueden envienme un mensaje al gmail y se las envío.
    Adios

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