Es mejor ser valiente que perfecta, dos años después del miedo

Sí, lo sé, debería estar escribiendo los relatos y las guías sobre nuestro paso por Iran, debería estar editando los videos y las fotos del viaje, debería estar planeando la ruta de la siguiente semana, pensando que vamos a llevar y que vamos a dejar… Creanme, lo que tengo son cosas que hacer, el problema es que cuando las ganas de escribir vienen no hay quien vaya a pararlas (y es absurdo hacerlo) así que prefiero “malgastar” mi tiempo de esta manera.

Estaba aquí sentada aprovechando que llevamos dos días en los que esto no es Mordor (“solo” estamos a 40 grados) para trabajar y sacarme de encima un par de cosas pendientes con algunos clientes. Llevo toda la mañana con ello, email aquí, email allí. Por suerte durante esta semana todos decidieron ponerse en contacto, en dos días estoy lidiando con 6 de mis clientes por cositas distintas, estaba alucinando, timing perfecto… Luego tuve una visión, bueno, más bien un recuerdo, así como en tercera persona. Por un lado me vi a mi misma sentada en mi antigua oficina, blanca e impolutamente limpia (que no era mía) odiando mi trabajo, y luego miré a mi alrededor…  No pude evitar soltar una carcajada.

Estoy sentada en el suelo, tengo un vaso de agua fría con hielo al lado, estoy en el suelo porque aquí me llega la electricidad y en Pakistan hay que usarla cuando viene. A mis pies tengo la ropa sucia, a mi derecha el único par de zapatos que me pertenece, Jesper duerme en la cama a unos pocos metros. Luego he caído en algo importante: hoy se cumplen dos años desde que dejé mi último trabajo de oficina, recuerdo como día tras día lo único que tenía en la cabeza era aprender lo más posible y salir de allí cuanto antes para volver a intentar ser independiente, nunca me imagine llegar tan lejos en solo dos años. Lo gracioso de todo es ver como ese “tan lejos”, esa imagen que acabo de describir, no tiene nada que ver con la idea de algunos (aún escribiendo esto me da cierta risa).

En nuestro paso por Iran

Aquél 31 de mayo de 2015 pensé que volvería a fracasar, estaba cagada de miedo, pero eso no me iba a impedir volver a intentarlo. Era la tercera vez que me lanzaba a hacer algo por cuenta propia y estaba casi segura de que sería la tercera vez que no funcionaría. Ya sabéis, las facturas no se pagan solas. Sin embargo, aquí estoy, más lejos de lo que pensé que llegaría con ese pequeño y asumido “fracaso”.  Hoy escribo desde Lahore (Pakistan) mientras trabajo para gente al otro lado del mundo, no solo conseguí mi independencia de la oficina, sino también mi independencia de cualquier grupo de 4 paredes. Soy yo la que elige el paisaje (que normalmente no es paisaje porque, que no les engañen, para trabajar hay que concentrarse). Los muros que me protegen mientras lo hago cambian a mi gusto y cuando yo quiero.

Mientras pensaba en todo aquello también recordé que 10 días antes de mi último día de trabajo escribía este relato: “El miedo a perder, la libertad de soltar” sobre lo mucho que me había costado tomar esa decisión y salir nuevamente del circulo vicioso de la “estabilidad”. Lo leo, me rio y pienso “que fácil sería la vida si pudiera enviarme esta carta a mi yo de hace dos años” ¿Verdad?
Hace calor, me duele el culo (de las horas en el suelo) y sin embargo escribo esto con una sonrisa de oreja a oreja. Hace apenas una semana escribía una catarsis del viaje que no era para mi, hoy me celebro… ¡Viva la montaña rusa emocional, maldita sea la apatía!.

Durante nuestro paso por Finlandia

No, no voy a decirte que lo dejes todo y te vayas de viaje, tampoco vengo a soltarte la típica mierda de “si yo pude tu también puedes (ah sí, compra mi manual)”, lo que voy a decirte es que traces un plan, las cosas no caen del cielo, llegar hasta aquí me ha costado 11 años (desde que tuve claro que lo que mejor sabía hacer era irme). Para y construye, -como bien comenté también hace unos meses- y da cada paso en la dirección opuesta al miedo. Estos textos son un ejemplo de que las cosas, si están hechas con la cabeza pueden salir bien (y si no, pues oye, sigue intentándolo), es mejor ser valiente que perfecto.

Justamente esa frase me recuerda esta estupenda charla de Reshma Saujani, especialmente interesante para mujeres. Disfrútala (tiene subtítulos en español)

Un poco de sur

Somos Valen y Jesper, almas de este blog y compañeros de viaje y de vida. Si quieres saber más sobre nosotros puedes hacerlo aquí

3 Comentarios
  1. Muy bueno me gusta mucho leerte, a veces me pregunto no tendra que ver mucho el nombre en la personalidad?? No se yo, por aquello de Valentina.

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