Pakistán en moto: De Lahore a Islamabad

Después de los 3 o 4 días que tuvo Jesper para aclimatarse a conducir en la ciudad y de un par de sustos conduciendo nos dimos cuenta de que la cosa no iba a ir a mejor a menos de que lo pusiéramos en práctica. De hecho nunca me había subido aún con él en la moto.

*Lee el relato anterior: Lahore y el otro Pakistán

Dejamos Lahore un domingo a las 5 de la mañana. Rao se presentó en el hostal, nos ayudo a preparar las maletas, tomamos un chai dulce de buena mañana, un cigarro y con una cara entre “no se que he hecho” y “que orgulloso me siento” nos condujo (siguiendolo) hasta la salida de la ciudad. Allí nos armo con una botella de agua y como padre que deja a sus niños en el colegio aprovecho para darnos toda una sarta de consejos en un lapso de 4 minutos.

La Bestia (la moto de atrás es la de Rao)

Era imposible ocultar su preocupación. Nosotros no íbamos a desvelar la nuestra porque sinceramente, ya estábamos en la moto, demasiado tarde era para tirarse atrás y la verdad, ambos teníamos ganas de ver hasta donde nos llevaba todo esto.

Nos despedimos de Rao con un fuerte abrazo y prometimos estar en contacto. Bromeamos sobre pequeños reportes vía Whatsapp, nos abrazamos de nuevo y finalmente nos subimos en la moto dejándolo atrás.

Nuestra primera meta y posiblemente una de las más difíciles sería recorrer la distancia entre Lahore e Islamabad en el primer día juntos en la moto, en un día en plena época seca (47 grados en Lahore) y en pleno ramadán. Un planazo difícil de superar.

Nos lo tomamos muy enserio, ambos queríamos que esto funcionara. La primera hora pasó casi sin darnos cuenta pero poco a poco se iba notando el cansancio. Nuestro primer “Setup” con las maletas no funcionó del todo, la mochila “de mano” no acababa de encontrar su lugar así que aprovechábamos las paradas para estirar las piernas. Las miradas curiosas cuando Jesper se quitaba el casco eran dignas de grabar.

El trayecto en si transcurrió sin mucho problema, cómo ya explicamos en el post sobre “cómo comprar una moto en Pakistán siendo extranjero” a cosa de 50 km de salir de la ciudad nos cruzamos con un tuktuk en contradirección en medio de la carretera que si no nos mata del susto nos mata de verdad. Pero si olvidamos ese incidente el resto sucedió con toda normalidad. Cada vez nos sentíamos más a gusto en la moto y cada minuto encima nos reforzaba la idea de la locura que habíamos decidido poner en marcha

Pudimos parar en un par de gasolineras a comprar bebidas. Respetando a todos aquellos que bajo semejante sol infernal se encuentran en ayuno decidimos escondernos detrás de los baños y repusimos aliento. Eran los primeros días de Ramadán y los primeros días del viaje, teníamos cierta paranoia sobre “como se lo tomarían” si nos vieran bebiendo o comiendo. La realidad es que más gente nos ofrecería comida y bebida por el camino (aunque no comieran o bebieran) de la que no podría llegar jamás a “juzgar”.

Paramos cada hora aproximadamente y a las 3 de la tarde, sudando como cerdos, cansamos pero felices, llegamos a Rawalpindi. La primera noche la hicimos en Pindi, Islamabad, la capital, es mucho más cara y menos interesante. Además, tendríamos que darnos una ducha, llamar a Muttabhai y a Rao y celebrar que lo habíamos conseguido.

Tardamos 8 horas en el camino y fue uno de los más duros de todo el viaje, pero una vez superada la primera prueba de fuego nos vimos, por primera vez, realmente capaces de lo que estábamos apunto de comenzar.

La ruta que nos llevaría por el norte de Pakistán en más de un mes y medio.

Sigue leyendo: Qué hacer en Islamabad

Km recorridos: 285 Km
Gasolina: 480 Rp
Horas de viaje: 8 Aprox

 

Un poco de sur

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