El miedo a perder, la libertad de soltar

Crecimos viviendo con miedo, miedo a que te sigan, a que te roben, a que te secuestren, a que te violen, miedo a quedarte sin trabajo, miedo a que te juzguen, miedo a estar gorda, miedo a estar flaca… ¡MIEDO, MIEDO, MIEDO!. Somos una sociedad paranoica que ha conseguido poner puertas y rejas a todo lo que nos rodea con tal de “protegerlo”… Sin darnos cuenta, lo que hemos creado son pequeñas cárceles que lejos están de relacionarse con la libertad que tanto aclamamos.

Durante nuestro viaje Jesper no lograba comprender la lógica de los llamados “conjuntos cerrados” -por poner un ejemplo- “¿Quien quiere vivir entre rejas?” -me decía- nunca caí en la realidad de sus palabras hasta ese momento. “Es la inseguridad de nuestros países” -dirán ustedes- “Que fácil es no tener miedo para un aleman sin esos problemas…”

Pero… Crecimos viviendo con miedo, incluso cuando las adversidades o la guerra ya no existen. Las rejas físicas siguen ahi, más o menos pequeñas ¿y las mentales? son incluso más grandes. Confiar en las personas es algo de lo más complicado, pensar en vivir de una manera fuera de lo establecido es imposible. Todo se reduce a: Tener un trabajo, tener un perro, tener dos hijos, pagar un coche a plazos (para seguir teniendo) y mientras tanto… A cagarnos de miedo… ¿Y si tenemos la suerte de habernos desecho de la guerra y el infortunio, porque seguimos teniendo miedo, que es lo que tememos tanto?

El miedo a perder

Nacimos con el miedo a perder, a perder todo eso que se supone debemos tener. Lo adaptamos y lo llevamos con nosotros de la manera que mejor podemos. Normalmente aprendemos de los demás, observamos, cómo lo lleva mi padre, cómo lo lleva mi madre, cómo lo llevan mis amigos. Nos amoldamos a el -en vez de hacer lo contrario- y finalmente, sin darnos cuenta, lo perdemos todo. ¿Que absurdo verdad?.
Nos convertimos en seres inmóviles, estacionarios, con la boca llena aclamamos el cambio mientras somos incapaces de levantarnos de la silla para ir a buscarlo. Y lo único que nos queda, mientras todo se difumina, es ese absurdo miedo a perder.

No me malentiendan, el miedo a perder nunca se pierde, y aquel que les diga que es así miente y lo sabe. El miedo a perder nos perseguirá toda la vida, y es lo adecuado, hemos de aprender a sacarlo a que le de el aire, a dar con él una vuelta al parque en vez de esconderlo en un cajón toda la vida. ¿Qué gracia tendría si supiéramos que no tenemos nada que perder? ¿Qué sentido tendría la vida?
El miedo a perder es necesario.

Volar

La Libertad de soltar

Hoy he dejado mi trabajo. Si, otra vez.
Pero esta vez -por muy gracioso que suene- me tomo mucho trabajo.
Tome una decisión hace unos meses y deje que el miedo a perder me controlará y me dijera que hacer y que dejar de hacer, me quede intentando que funcionara, ¿Porque? Por miedo a perder.

Y es que en efecto,
¡Tengo mucho que perder!.
¿Y no es eso hermoso?
¿Y no es eso de lo que estoy más orgullosa?
¡Que triste sería soltar algo sin miedo a peder!
¿Porque demonios me ha costado tanto?

Acabo de ejercer mi libertad más humana, más innata, más olvidada: Mi libertad de soltar.
Y mientras lo he hecho he recordado que es la manera más brillante de sacar mi miedo a perder a dar una vuelta por el parque, a exhibirlo orgullosamente y a decir que estoy cagada de miedo -cómo siempre- pero que eso no me va a impedir hacerlo. Hoy me levanto otra vez de la silla para ir a buscar lo que vi irse aquel día que tome una decisión pero que no me hice caso, hoy suelto lo que no suma y comienzo a restarlo.

¡Suelta!
¡Déjalo ir!, déjalo ir antes de que sea tarde, antes de que no haya nada que perder, antes de que ya no valga la pena…
Es el único consejo que puedo darte en medio de mi sano ataque de pánico.

 

Valen

He llegado desde muy lejos con mis trucos, mis complejos,
Una maleta llena de trastos y un cuaderno lleno de cuentos.
Soy la mitad de este viaje.

4 Comentarios
  1. Palabras que oxidan cárceles a la velocidad de un millón de galaxias pariendo a gritos el mensaje de una nueva revolución atómica y espiritual. Gracias. Que felicidad.

    1. Gracias a ti! por comentarios cómo estos es por los que creo que aún vale la pena compartir todo este revoltijo de ideas 🙂

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