El Delta del Po, el amor por las aves y Comacchio

*Lee sobre nuestro paso por Bolonia y Forlimpopoli 

Tomamos un tren desde Bolonia hasta Ferrara, por solo 7€ y 30 minutos de viaje, allí nos recogió Antonio para llevarnos al corazón del delta del Po, si no se cuenta con un guía se puede llegar también en buses pero si quieren descubrir el parque Antonio es el único con acceso a la región, el único operador que puede meterse en sus entrañas y de hecho, merece ese galardón sin duda alguna.

Antonio tiene 45 años y desde hace más de 10 que dedica su vida a las aves y a la naturaleza. Todo comenzó cuando una chica holandesa se cruzó en su vida, gracias a esa conexión se dio cuenta de la cultura holandesa por el cuidado de las aves y reflexionó sobre la falta de algo similar en su querida Italia. Con mil ideas entre manos regresó al país y comenzó su primera línea de casitas y productos para el “birdfeeding”, con sus propias manos compró la madera y los materiales para construir sus primeros productos…

Los inicios de Antonio, como los de muchos, fueron duros, y tal y como se esperaba nadie estaba interesado en tener nada que ver con sus alados amigos. Antonio no descansó ahí, decidió que primero tendría que educar sus alrededores y fundó la asociación de birdfeeding italiana (de la cual es hoy el presidente), con ella recorrió el país enseñando en escuelas, en seminarios e incluso en la televisión nacional sobre la importancia del cuidado y protección de las aves. Poco a poco el interés por el tema fue creciendo y fue en el delta del Po donde Antonio encontró el ecosistema perfecto para su pasión. Ahora dedica su tiempo a mostrarle a los visitantes la riqueza de la zona, fundo su marca de excursiones “Delta Adventures” y da visitas guiadas por el parque.

Vivir el delta con Antonio fue un lujo incalculable, cuando alguien tiene pasión por lo que hace se le nota, lo suda, lo transpira y además lo contagia. Recorrimos los paisajes de la pequeña Holanda Italiana, aprendimos sobre su flora y fauna y disfrutamos como niños de colegio con su sabiduría.

El Parque del Delta del Po existe por un capricho del destino y ha cambiado mucho durante los años, poco a poco le ha ido ganando terrero al mar e incluso ha variado de localización. En 1973 existían planes de edificación del lugar hasta que el señor Mazzone decidió hacerse con el territorio y parar la construcción, hoy en día es una área protegida de más de 540 kilómetros cuadrados que sirve de habitad para miles de aves migratorias.

Dentro de la reserva se encuentra un camping-restaurante, el Spiagga Romea, en el que se puede comer a modo buffet donde el 90% de los vegetales servidos se producen directamente en la propiedad. Allí tuvimos el placer de conocer a otro de los personajes que merecen una pequeña mención en esta historia…

Loris tiene 82 años y se denomina a si mismo como “Artista”, sería fácil pensar que está loco pero una vez le damos un vistazo a lo que construye con sus manos no cabe ninguna duda de que dice la verdad. Loris recoge la madera de la playa y con ella crea hermosas reproducciones de los animales de la zona, verdaderamente impresionantes. Por si fuera poco, en medio de su mundo loco y adorable te dice que es cantante de opera y cuando menos te lo esperas suelta un vozarrón que merece una ovación. Loris alegra el ambiente y es “parte” del lugar donde también se pueden ver las casitas para pájaros construidas por las propias manos de Antonio.

Todo el delta del Po es sin duda un lugar recomendado para los amantes de las aves y solo tenemos buenas palabras para Antonio y nuestra experiencia con él. El tour dura medio día y se alquila por jeep (hasta 4 personas pueden ir en él) a 180€.

Comacchio, la pequeña Venecia

Llegamos temprano y conocimos a Humberto, un piloto experimentado de vuelo ligero, más de 40 años dándose el lujo de ver el mundo desde el cielo. Durante 20 minutos dimos vueltas por el humedal a más de 140 km/h y conocimos mejor la costa de esta pequeña región italiana. Sin duda una experiencia inolvidable. Desde el cielo se pueden apreciar claramente zonas como la Sacca di goro, una zona dedicada a la recolección de moluscos, más de 40 toneladas diarias salen de esta pequeña parte del delta y todos los alrededores.

Además de ser piloto Humberto es oriundo de Comacchio y orgulloso nos mostró la fachada de su casita amarilla mientras disfrutábamos de un buen expreso bajo la sombra ya una vez aterrizados, estábamos alucinando y con la boca abierta por habernos encontrado tal lugar del que desconocíamos totalmente su existencia…

Cuando pensamos en canales y en góndolas lo primero que viene a la cabeza (y normalmente lo único) es Venecia, no vamos a mentir, se trata de un destino estupendo, con mucho que ofrecer y sin duda merece una visita al menos una vez en la vida. Sin embargo, lo que muchos desconocen (entre ellos nosotros hasta hace apenas unos días) es que hay otras opciones y otros lugares con un encanto muy similar y sin todo aquello que hace Venecia un destino “desgastado”.

El pueblo de Comacchio no era un pueblo, de hecho era una isla (antes de que se le ganara territorio al mar con el delta del Po), es por eso que tiene una personalidad particular y única, además se dice que sus habitantes provienen de los Etruscos y que por lo tanto, no se asemejan en mucho al resto de Italia.

Commachio tiene unos 20.000 habitantes pero unos pocos residen en el casco antiguo. Su valle es una parte importante del parque natural del delta del Po, pero lo que hace increíble a Commachio no es sólo su gente o su naturaleza sino sus canales. En efecto, un pequeño pueblo en medio de la nada cuenta con la magia de la sorpresa y te da ese pequeño aire a Venecia en el lugar menos esperado con pocos, MUY pocos turistas, por “las calles” y gente que te recibe con una sonrisa en la cara. Desde Comacchio se puede acceder al resto de la región sin problemas y disfrutar del paisaje que el delta tiene que ofrecer.

Algo que nos llamó mucho la atención de esta zona son las casitas de madera que se levantan a las orillas de las lagunas (o pantanales). Son fáciles de ver, una vez fuera del pueblo están repartidas por varios lugares del humedal y son reconocibles porque cuentan con una especie de “cuchara” que sostiene una red enorme.

Estas construcciones son conocidas como “bilancione” (palanca) y eso mismo son, una enorme palanca que sirve para pescar. En la antigüedad sus habitantes eran residentes constantes que pescaban para su subsistencia, hoy en día son casas de descanso de locales de la zona que, para desconectar, se alejan de todo y mantienen la tradición. Como dato curioso la construcción de nuevas bilancione está prohibida y solo se mantienen las que quedan en píe. Verlas es todo un espectáculo.

A pocos kilómetros del centro urbano se pueden visitar las Salinas de Comacchio, desde 1985 no se realiza producción de sal alguna en el lugar pero desde allí es fácil ver flamencos volar por encima de tu cabeza, y si aún tienes ganas de más delta puedes dar una vuelta en barco para conocer la historia de los pescadores de la zona, sus técnicas, su evolución y su declive. Actualmente la zona se hunde a un ritmo de un metro por año y constantemente se ha de bombear agua hacía el mar para evitar inundaciones.

Después de todo el ajetreo hicimos noche en un camping de la zona; el camping Spina. Atención, se trata de un camping de nivel europeo así que cuenta con todos o más servicios que un hotel, sin embargo se puede plantar carpa sin problema por cosa de 8€ más el precio por persona. Eso sí, si vais en grupo de al menos unas 4 personas sale casi más a cuenta poner un poco más de dinero y tener la comodidad de un bungalow básico que cuenta con cocina (para un grupo menor lo más accesible es la tienda de campaña).

El camping tiene piscina y restaurantes, la piscina es de pago así que no la probamos, la playa está a cosa de medio kilómetro andando y se puede visitar sin problemas. El restaurante por otro lado no es expeditivo, allí conocimos a Basilio y a Pablo que nos alimentaron con sonrisas. Desde 6€ se puede comer un plato de pasta o desde unos 8€ un risoto como el que nosotros nos dimos el lujo. RECOMENDACIÓN, da igual donde coman, o incluso si cocinan, no se olviden de que es una zona de pescadores, vale mucho la pena disfrutar de pescado fresco.

Sin duda sabemos que Comacchio no estará en la “lista de lugares que visitar” de muchos, pero si eres de los que viajan lento y prefieren disfrutar de los pequeños lugares no podemos más que recomendarlo.

Como llegar a Comacchio

Tren desde Bolonia a Ferrara (25/30 min) 7€ por persona
Bus de Ferrara a Comacchio (60 min) 5€ Aquí los horarios

Si alguno está interesado en los datos de contacto de Humberto o Antonio, o más detalles de alguna de las excursiones sólo tiene que dejar un comentario y enviaremos un email.

Un poco de sur

Somos Valen y Jesper, almas de este blog y compañeros de viaje y de vida. Si quieres saber más sobre nosotros puedes hacerlo aquí

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