Dulce tierra boliviana: La Paz

*Lee sobre nuestro paso por Mizque aquí
Llegamos nuevamente a Cochambamba. Lo mejor sería esperar y tomar un bus nocturno para ahorrarnos el hostal y sufrir menos el trayecto. Dimos nuevamente algunas vueltas por la ciudad. Nos tomamos un café con humitas y conocimos el centro. Después de buscar por varias ciudades bolivianas fue allí, en una tienda de pesca,  donde conseguimos el gas para la cocina que tanta falta nos hacía. Nos hicimos con un par de botellas. Andamos y andamos y finalmente cenamos churrasco en un asadero, en donde -por doce bolivianos- nos comimos un plato enorme de arroz con queso, carne y ensalada.

Llegada la hora del bus nos subimos, siempre con nuestro saco de dormir dentro, por eso del frío. Sin darnos cuenta -a las seis de la mañana- estábamos llegando a la terminal de La Paz.

La paz Bolivia

Siempre es mejor llegar a una ciudad con todo el día por delante que de noche y corriendo. Pregunté en la estación de bus por el centro. Resultó ser que solo estaba a quince minutos caminando; con algunas subidas y bajadas, eso sí, típicas de la topografía de La Paz. Por el camino encontramos un Hostal llamado Backpackers… dos chicos salían de este sitio. Les preguntamos por su opinión acerca del lugar y por el precio. No nos sorprendió nada cuando nos dijeron que pagaron ciento cincuenta por la habitación doble. Resulta ser que todo hostal que se haga llamar a sí mismo Backpackers -o casi todos- no tiene nada para mochileros -al menos no el precio-.

Seguimos caminando. Nos encontramos con un canadiense en la misma tarea que nosotros. Hablamos un poco, le comentamos de nuestro corto presupuesto y nos despedimos. Habíamos oído algunas recomendaciones de hostales, pero nos decían que no encontraríamos nada mejor que un dormitorio compartido con ocho personas por no menos de treinta y cinco bolivianos cada uno. Probablemente el centro sería lo más caro, pero decidimos continuar. Basados en nuestra experiencia, comenzamos nuestra búsqueda de residenciales; que es donde nos hemos alojado la mayoría de días. Muchos de ellos son administrados por locales, sin grandes aspiraciones, y comodidades más que suficientes, a un buen precio.

Cuando nos dirigíamos -siguiendo las indicaciones de una mujer mayor-  hacia un residencial, nos encontramos nuevamente al canadiense, quien tuvo éxito en su búsqueda. Nos mostró el hostal en su guía Routard que -creía- se ajustaba a nuestras posibilidades y de hecho también a las suyas. Resultó ser que se trataba de un Residencial; el Residencial Colonia. (Calle Tarija 210 Esquina Murillo) Cambiamos de rumbo y los tres nos dirigimos hacia allí.

En medio de la ciudad… en pleno centro… en la calle Tarija … lo encontramos. Estaba cerrado pues era todavía temprano. Timbramos un par de veces hasta que alguien somnoliento se asomó por la puerta. El chico nos mostró las habitaciones. Estas tenían un patio interno hermoso y, lo más importante, el precio sería de setenta bolivianos por ambos, en una habitación privada.

 

La habitación es una de las más bonitas donde nos hemos hospedado, con una ventana y balcón enorme de cara a la calle, espaciosa y tranquila; todo por setenta bolivianos. ¡No podíamos creérnoslo! Descansamos unas horas y salimos a dar vueltas por la ciudad buscando desayuno. Si otra cosa hemos aprendido de Bolivia es que no hay mejor lugar para eso que los mercados.

¡El mercado de la Paz es precioso! Un edificio de reciente construcción con paredes coloridas como las mismas montañas. Artistas y muralistas de todas partes de Sudamérica pudieron plasmar en el mercado algunas de sus obras. Todo era color, hermosos mensajes y alegría.

 

En el patio de comidas encontramos a doña Isabelita -una mujer mayor de aspecto peculiar-  sirviendo en su pequeña cafetería. En este lugar desayunamos cada día, no sabemos exactamente por qué… porque ir a verla era un pequeño tormento. A su edad apenas oía, hacía lo que le daba la gana con lo que le pedías y se inventaba los precios, pero creo que era por todo eso por lo que no podíamos fallar ninguna mañana.

Pelearnos con doña Isabelita por la orden nos entretenía más que nada. Le ayudábamos a recoger la mesa -ya que siempre estaba hecha un desastre- y siempre terminábamos con algo nuevo… a un precio distinto. ¡Aventura!

La Paz Mochileros

La Paz resultó sorprendernos, como toda Bolivia lo ha ido haciendo. Caminar por la caótica ciudad de cables de luz enmarañados, calles estrechas,  buses que gritan sus destinos, el frío nocturno y sus cuatro mil metros de altura… es todo un placer. Nos dimos incluso el capricho de comernos un helado. Hicimos un par de caminatas al exterior de la ciudad y contratamos un pequeño tour, con un nombre no apto para cardíacos.

Pasamos dos días en la ciudad y al tercero nos levantamos más que temprano -a esas horas en que debería ser un delito-. Salimos del hostal a las seis y treinta de la mañana rumbo a La carretera de la muerte

Un poco de sur

Somos Valen y Jesper, almas de este blog y compañeros de viaje y de vida. Si quieres saber más sobre nosotros puedes hacerlo aquí

6 Comentarios
  1. Hola, mi compañera de viaje y yo también tenemos muchas ganas de visitar el salar y nos gustaría oír de otra gente que viajó para hacernos una idea. Nos proporcionarias un poco de info acerca de tu viaje a Uyuni?
    Muchas gracias, tenéis un buen blog! 🙂

    1. Tenemos pensado partir de La Paz, donde nos deja el avión y recorrer hasta el salar. Del salar ir hasta Potosí y de ahí al lago Titicaca, pero aún no tenemos clara la combinación. La idea es pasar a Perú.
      Gracias de antemano, y saludos.
      Albert

  2. Me regalarias la direccion exacta y el numero telefonico de la residencia, me funciona muchisimo este tipo de hospedaje para mi viaje. Y si pudieras regalarme la informacion de tu viaje a Uyuni el contacto para el tour. GRACIAS 🙂

    1. Buenas José,
      Los datos que tenemos sobre el residencial (nombre y dirección completa) los has leído en este post.
      Respecto al contacto de Uyuni, te lo pasamos por email.

      Saludos,

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