Berlín y yo

Berlín no es ni será  la ciudad que nunca duerme.
Tampoco es la ciudad con el mejor clima del mundo.
Ni en la que mejor se come.
No… no lo es…
Berlín no es la ciudad más bonita del mundo… ni la más colorida, ni la más divertida
No es la ciudad más hospitalaria. No es la más monumental. No es la más exótica.
Probablemente… ni siquiera es la ciudad que esperabas.
Berlín “no es nada de eso”… y al mismo tiempo, es todo lo demás.

Comienzo esta historia con un texto que no es mío, así es como describe Berlín Rubén de Algo que recordar  y no puedo estar más de acuerdo.
Podéis encontrar la entrada completa aquí.

Después de ya más de un año y medio viviendo en esta ciudad y de leer ese amor desconsolado por Berlín que Rubén menciona en sus últimos posts de Kyoto, me dieron tantos celos que no me quedó más remedio que contar mi historia de amor, puede no importarle a nadie, que más da, ahí queda.

Berlin skyline

Sí Rubén, yo también estoy enamorada de Berlín, mira que cosas, soy de esas.
Leer tu historia de amor me ha hecho sacar la mía del cajón, curioso.  Mi amor por Berlín no fue un flechazo, cómo tu Kyoto pasajero, quizá de hecho es por eso que al final terminaste dándote cuenta de que aquello no era real. Mi amor por Berlín fue algo que creció dentro, casi sin darme cuenta.

Llegué a esta ciudad con una oferta de trabajo, marketing en una multinacional ¿Suena bonito verdad?. La realidad es que se trataba de prácticas -remuneradas, no como las de España- tampoco era la oferta perfecta, pero se adaptaba mucho a mis necesidades y ya me había cansado de no encontrar el amor desde que desconsolada dejé la ciudad que me enseño a amar: Barcelona.  Así que pensé “¿por qué no? 6 meses de contrato, luego me iré a algún otro lado”.

Sin pensarlo en menos de una semana empaque mis cositas y me las traje desde la fría Escocia -seamos sinceros Edimburgo, fuiste como un amigo muy guapo con derechos pero ambos sabíamos que lo nuestro nunca iba a ser- nos despedimos y aquí me hallé, en un idioma que pensé haber odiado más de una vez, una ciudad que había visitado 6 años atrás -de la que solo recordaba el mapa del metro- y en uno de esos ataques de pánico que te suben la adrenalina porque no te puedes creer que tu vida sea cierta.  Sí, sí, tener un novio alemán ayudó a la transición, sin duda, pero incluso para él todo era nuevo.

Tempelhoferheld

Los primeros 6 meses vivimos en el barrio de Neuköln, del que estoy PROFUNDAMENTE enamorada, al parecer estaba de moda, que cosas, yo ni lo sabía, fue el único piso que conseguimos y no sabemos ni como, nadie nos cree cuando le decimos que conseguimos un apartamento antes de llegar. Neuköln es una orgía de olores, sabores, sonidos, no dudaría en decir que es el barrio más multicultural de la ciudad. Es como un Raval enorme, todos los que también tuvimos nuestra historia de amor con Barcelona sabemos que significa eso, o lo amas o lo odias. Yo lo amé.

A los 6 meses nos mudamos después de una búsqueda imposible de piso, piso que apareció y hoy creo que me gané la lotería o algo. Yo no quería mudarme de barrio, estaba emperrada en quedarme en mi bonito Neuköln pero el destino hizo que terminará en Kreuzberg donde al parecer todo el mundo quiere estar, donde los precios van al alza y todo es “too hip”. Quien iba decir que me encantaría.

Berlín y sus cambios aparecieron en mi vida sin quererlo, sin buscarlo.
Sí, alguna vez soñé con vivir en Berlín, ¿quién no? pero nunca moví un dedo para conseguirlo, seamos sinceros. De golpe, pum, trabajo, piso, barrio cool, vida hermosa…  No se si fue porque todo paso sin darme cuenta que acabe enamorándome de ti, Berlín.
Berlín es como el feo de la clase pero que tiene buen humor y te acaba gustando, el tipo con barriguita… Siempre me refiero a Berlín como la ciudad hecha a pedazos, ¿como no va a serlo con un muro que les dividía hasta solo apenas 25 años?, cada barrio es un mundo muy distinto, no miento, y es justo en eso en donde reside parte de su magia.

atardecerberlin

La gente dice que los alemanes son fríos, y es bien cierto que si tienes que lidiar con burocracia en este país querrás morir pero… Berlín no es Alemania, ellos mismos lo dicen, Berlín va a su bola, hace lo que quiere cuando quiere. En Berlin se fuma en los bares porque les da la gana, se bebe en la calle porque les da la gana, y todo lo que se hace se hace porque les da la gana. Nunca he visto tanto movimiento social junto como en esta ciudad, nunca he visto tantas manifestaciones -y antimanifestaciones-, tantos voluntariados, tantos “Free your stuff”, “Free your advice”, tanta gente dispuesta a ayudar.

No se, igual estoy ciega y en unos años descubro que todo fue un error…
Pero no lo creo, en el amor por las personas como por las ciudades suelo acertar, aunque luego nos separemos se que hice lo correcto, siempre tendré un huequito en el corazón para esta ciudad que me ha dado tanto sin quererlo.

En fin Berlín, te doy las gracias por aceptarme como soy, porque vuelvo a tener un puerto al que volver  -y sabes que me voy mucho- por mi apartamento lleno de plantas desde donde trabajo las horas que me da la gana, por el restaurante de sushi a la vuelta de la esquina que me vuelve loca, por el falafel con salsa de cacahuete, por la gente que he conocido y ha hecho de esta ciudad una experiencia única, por mi bote inflable que solo puedo usar durante 2 meses pero al que le saco más provecho que a nada en mi vida en los canales que unen y dividen esta ciudad, por mi bicicleta púrpura que chirría cada vez que se mueve, por tu caos, por tu orden. Todo eso hace mi Berlín y mi Berlín me encanta.

Listo, ya fue.
Llevo unas semanas preparando una guía con todo lo que he ido descubriendo de esta ciudad para los que tengan la curiosidad alterada.
Rubén me dio celos, algunas veces se me olvida que muchos podemos amar Berlín y Berlín puede amarnos a muchos 🙂

Valen

He llegado desde muy lejos con mis trucos, mis complejos,
Una maleta llena de trastos y un cuaderno lleno de cuentos.
Soy la mitad de este viaje.

3 Comentarios
  1. y el Kebab increíble que tenés a 2 cuadras de tu casa!?! Que afortunada! Ya no puedo comer otro, lo extraño!!

    El amor por Berlín es contagioso! Yo estaba segura que la iba a amar antes de conocerla y así fue! Y gracias a Uds por ayudarnos a poder conocerla un poco màs 🙂

    Abrazo grande!

  2. Posdata: se me olvidaba… me encanta Barcelona. Aunque soy canario, me crié allí y me encantaría volver a vivir allí. Ocurrirá. Algún día no muy lejano. Dicho esto… lanzo bomba de humo y desaparezco entre las montañas de Nikko hasta nueva orden.

  3. Envidia siento. Envidia huelo. Envidia veo. Uno de mis sueños (además del cumplido de dar la vuelta al mundo), es vivir en Berlín. Esa ciudad que no te quiere… y que no te odia tampoco. Que no te da nada y te lo da todo. Esa ciudad en la que hay mil cosas que ver, en la que se repetan los pasos de peatones, en la que las bicis vienen y van, en la que hay un increíble chocolate con nueces de macadamia dentro… escondidas, como no queriendo ser descubiertas. Así es Berlín. la ciudad que “no quiere que se descubra lo grande que es”. Por eso, te envidio Clandestina nuestra. iremos a visitarte… y lo sabes. Disfrutaremos juntos Berlín hasta que no de para más.

    Me quito el sombrero… y me quedo calvo.

    Rubén de algoquerecordar.com

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