A dedo por Argentina – Ruta 3 a Ushuaia II (Del desánimo a la euforia)

Pasamos más de veinticuatro horas en Bahía blanca. Fueron veinticuatro horas horribles por la frustración de no encontrar nada ni a nadie,  ni tener opción de salir de allí. Estábamos alejados del centro de la ciudad y para pagar un simple colectivo era imposible sin la tarjeta de buses municipal; por lo que ni la opción de ir a la terminal de buses y tomar un bus a donde fuera era una opción viable.

*Si quieres leer la primera parte visíta este post

Aún fue más frustrante la mañana esperando a Ricardo. Mientras veíamos cómo -con algo de suerte- un par de parejas conseguían un viaje… nosotros no encontrábamos la manera de salir de allí. Para todo aquel que tenga pensado hacer autostop en Argentina, déjeme decirle que no vaya a el Cholo. Nosotros llegamos allí por recomendación de algún camionero. Si bien es una posibilidad de conseguir un levante más largo -ya que de allí salen los camiones al sur y con rutas bastante largas- la cosa se complica de mala manera cuando llega el tren de Buenos Aires; cargado de mochileros dispuestos a hacer lo mismo que tú. Si a eso le juntamos la poca actitud receptiva por parte de los conductores… ¡estamos jodidos!

Conseguimos salir después de casi rogar. Una pareja mayor vio nuestro cartel… se rio y… conseguida la atención… les rogué que nos llevaran. Nos metieron a los cuatro -los dos daneses y nosotros- en la parte de atrás y nos arrastraron ciento setenta kilómetros fuera del agujero negro de Bahía Blanca. Recuperamos un poco de moral. No conocemos sus nombres, pero les agradecemos inmensamente que decidieran llevarnos. Llegamos a Villalonga, un pueblo en medio de la nada. Nos bajaron en la estación de servicio. Lloviznaba y decidimos seguir probando, pues aún era temprano. Quién sabía si hoy íbamos a poder avanzar algo más.

Nos plantamos pasada la estación y el cruce; para intersectar todos los coches posibles por el camino… había apenas tránsito. Lo intentamos una media hora. Por algún extraño motivo un bus paró de golpe -era evidente que no esperábamos el bus-. Estábamos en medio de la carretera… Igualmente era una opción. Al parecer nos llevaba a Viedma por cincuenta pesos cada uno, por un recorrido de ciento veinte kilómetros. Sin pensárnoslo dos veces subimos al bus y, en menos de dos minutos, nos quedamos dormidos.

Llegamos a Carmen de Patagones, muy cerca de Viedma,  y el conductor del bus nos empaquetó en una combi que nos llevó a la estación de servicio en la ruta 3. Al parecer teníamos una estrella en el culo. Estábamos preguntando a dos personas, cuando llegó un camión a vaciar su mate. Un chico joven se asomó por la ventana. Le preguntamos a donde iba y si podía llevarnos. Para sorpresa nuestra…  ¡aceptó!. Lo más sorprendente de la historia es que iba a Comodoro Rivadavia; novecientos kilómetros al sur. ¡Se nos iluminaron los ojos de solo pensarlo!

Alejandro tiene veintiséis años y es una preciosidad. Estaba cansado pues llevaba muchas horas conduciendo desde Buenos Aires y casi sin parar. Nos explicó brevemente su historia. Un chico responsable y muy amable, del que nos costó despedirnos. Hicimos un breve descanso a eso de las tres de la mañana. El camión no arrancaba -por algún extraño motivo-, así que otro camión tuvo que remolcarnos para que encendiera. De noche, y en la ruta, las cosas parecen distintas. Subirte a un camión es como entrar en una casa donde tú eres el invitado o el intruso. Nunca nos sentimos como intrusos en su camión. Viajamos más de dieciséis horas con Alejandro y la única preocupación que teníamos era no quedarnos dormidos; para no hacer aún menos llevadero su cansancio.

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Llegamos a Comodoro Rivadavia el veinticinco de enero; apenas cuatro días después de haber comenzado a bajar. Era temprano, las nueve de la mañana. Decidimos tomarnos el día de descanso. Nos quedamos en un camping improvisado donde nos cobraron cincuenta pesos por los dos. Compramos carne en el supermercado para comer como no lo habíamos hecho estos días. Hicimos nuestro primer asado… a la luz de la luna… tranquilos y contentos.

  • Cuarto día:
    Bahía Blanca – Villalonga 170 km
    Villalonga – Viedma   120 km
    Viedma – Comodoro Rivadavia 900 km
    Noche en el camino
  • Quinto día:
    Noche en Comodoro Rivadavia.

Total: 1190 km

Sigue leyendo:  A dedo por Argentina – Ruta 3 a Ushuaia III

Un poco de sur

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